La elección de Gabilondo calma por ahora las rencillas internas del PSOE
Su candidatura a presidir la Comunidad de Madrid es aplaudida por todo el partido.

El candidato del PSM a la Comunidad de Madrid, Gabilondo.
La elección de Ángel Gabilondo como candidato socialista para la Presidencia de la Comunidad de Madrid ha actuado como un bálsamo en las encrespadas filas del PSOE. Desde todos los sectores del partido llegaron los parabienes para el ex ministro de Educación y Pedro Sánchez pudo respirar tranquilo después de unas semanas frenéticas en las que se jugó buena parte del liderazgo de su partido con la operación de destituir a Tomás Gómez al frente del socialismo madrileño.
Con ser una victoria personal para el secretario general del PSOE, la operación Gabilondo es de esperar que abra un paréntesis de calma en las agitadas aguas del primer partido de la oposición. Un sosiego al que también contribuirá el hecho de que la presidenta andaluza, Susana Díaz, esté volcada en sus elecciones autonómicas del 22 de marzo y no quiera saber nada, según ha dicho reiteradas veces, de lo que se cuece por encima de Despeñaperros. También contribuirá a la tranquilidad la campaña electoral en puertas para los comicios del 24 de mayo, en los que muchos barones socialistas se juegan su futuro político. El primero, el propio Sánchez, que aunque no es candidato a nada, es la imagen de la marca PSOE y se la juega en las autonómicas y locales.
El secretario general de los socialistas dio unas sentidas «muchas gracias» a Gabilondo desde León, donde participó en un acto de su partido. Sánchez subrayó que es «un orgullo» contar con él porque confirma que el hecho de ser independiente, como el ex ministro, «no está reñido ni con el compromiso cívico ni con la política».
También la presidenta de la Junta de Andalucía lanzó un mensaje de «mucho ánimo e ilusión» al ya candidato en la ardua tarea de «recuperar la confianza» de los madrileños, gobernados desde hace dos décadas largas por el PP tanto en el ámbito autonómico como en el municipal. Díaz eludió referirse a la decapitación política de Gómez, uno de sus principales valedores para que se haga con las riendas del PSOE. «Tengo toda la energía y la cabeza puesta en Andalucía», dijo, y no para entrar en «cuestiones de partido».
La también ex ministra Carme Chacón, cuya candidatura para competir con Sánchez en las primarias de julio para candidato a La Moncloa cobra cada día más fuerza, acogió con entusiasmo a Gabilondo porque encarna «el cambio» que necesita Madrid. Chacón fue una de las dirigentes más críticas con la destitución de Gómez y, en general, con la labor de Sánchez.
Pero el secretario general del PSOE y su equipo saben que esta sintonía tiene fecha de caducidad. César Luena, secretario de Organización y mano derecha de Sánchez, admitió en una entrevista publicada ayer que en su partido hay resistencias «internas» al proyecto de la actual dirección del partido. El color del horizonte político del PSOE quedará determinado por los resultados del 24 de mayo, en eso coinciden todos. Como también comparten que un triunfo concluyente de Díaz dentro de un mes será una subida de moral para todo el PSOE, con independencias de las consecuencias internas que tenga.
Gabilondo, entretanto, presentó ayer su candidatura con un discurso inusual entre los dirigentes políticos. Ni una crítica a otros partidos ni una palabra más alta que otra. Empleó el mismo tono profesoral que podría utilizar en una clase de la facultad de Filosofía. Aunque concedió que el paso que daba es «un gesto aparentemente insensato», dejó claro que lo daba «consciente» de lo que supone. «Es un gesto -explicó- contra la resignación» que le ha llevado a dar un «sí sin condiciones», es un «sí con convicciones».
El ex ministro de Educación, con idéntica mesura, se puso el traje de candidato y señaló que su proyecto, pese a que las encuestas digan lo contrario, tiene «voluntad de mayorías». Aunque si son necesarios los pactos, los hará siempre que estén forjados con «propuestas». Sin citar al PP, se mostró crítico con los planteamientos liberales a los que «les da lo mismo la equidad o la inequidad». También dijo estar de acuerdo con algunos análisis de Podemos sobre los «abusos cometidos», pero no con sus descalificaciones de la Constitución y de la transición.