El último Debate sobre el estado de la Nación caracterizado por el bipartidismo

En sus bodas de plata culminará una etapa marcada por la hegemonía de PP y PSOE.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el líder del PSOE, Pedro Sánchez.

Publicado por
ramón gorriarán | madrid
León

Creado:

Actualizado:

El Debate sobre el estado de la Nación cumple sus bodas de plata. Instaurado en 1983 por Felipe González, se ha celebrado todos los años salvo en los ocho que ha coincidido con los debates de investidura. El de hoy será, si se mantiene el desplome de PP y PSOE y la pujanza de Podemos y Ciudadanos, el último del modelo bipartidista instaurado en la transición. El próximo, el de 2017, no limitará su interés al cara a cara entre el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición porque habrá nuevos portavoces con respaldo de grupos poderosos si no se tuerce la tendencia.

Hace 33 años, Felipe González se medía con el fallecido líder de Alianza Popular Manuel Fraga, que hizo un dibujo apocalíptico de la situación de España mientras el presidente del Gobierno explicaba la expropiación de Rumasa y nadaba entre dos aguas respecto al ingreso en la Otan. Mariano Rajoy se fajará hoy con el socialista Pedro Sánchez, nuevo en estas lides, con la corrupción y las políticas contra la crisis como hilo conductor de sus alegatos.

Aunque el interés ciudadano mengua año a año, la audiencia televisiva de 2014 fue del 1,2%, para las fuerzas políticas y sus líderes es la cita parlamentaria del año sin reparar, o minusvalorando, que el deterioro de la imagen de los políticos ha ocasionado un inocultable divorcio con la sociedad. Un botón de muestra es que en todos los debates celebrados desde 2010, los ciudadanos concluyeron, según los estudios del CIS, que el duelo no lo ganó nadie.

El debate ha sido una buena radiografía del pulso político del país en las últimas tres décadas. Fueron duelos tranquilos en sus primeras ediciones, cuando González tuvo como adversarios a Fraga, Arturo García Tizón porque el líder de AP Antonio Hernández Mancha no era diputado, y Miguel Herrero de Miñón. Aquellas discusiones fueron de guante blanco para lo que se estila ahora, con gotas de histrionismo y algún arrebato catastrofista. El líder socialista despachó sus diez duelos sin demasiados sobresaltos.

Las tornas cambiaron con la llegada de José María Aznar al mando del PP. Los cara a cara se volvieron a cara de perro y el nuevo líder de la oposición reclamó una y otra vez desde 1993 la dimisión del presidente del Gobierno.

Aznar también despachó sus seis debates sin agobios, a lo que contribuyó la variedad de contradictores que tuvo.

Zapatero no lo tuvo tan fácil en su media docena de duelos como presidente. Rajoy, que demostró ser un hueso duro de roer, contó con un argumento que tocaba la fibra sensible de muchos, el diálogo con ETA.

Investido presidente del Gobierno, Rajoy encontró la horma de su zapato con Alfredo Pérez Rubalcaba, que también tuvo un ariete con el caso Francisco Correa y Luis Bárcenas, los incumplimientos electorales y los ajustes. El jefe del Ejecutivo capeó los envites como pudo hasta que hace dos años pudo decir que España tenía «la cabeza fuera del agua» de la crisis.

Más allá del resultado, los debates han sido un espejo de la evolución política. Política antiterrorista, corrupción, crisis económica, en función de la situación.

Cargando contenidos...

Han sido, de todos modos, 25 debates de andar por casa, centrados en los problemas domésticos y alejados de los grandes asuntos europeos o mundiales.