Diario de León

Zapatero indigna al Gobierno al reunirse con Raúl Castro

Margallo califica de «desleal» al ex presidente socialista.

Moratinos y Zapatero conversan con Raúl Castro, de espaldas.

Moratinos y Zapatero conversan con Raúl Castro, de espaldas.

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ander azpiroz | madrid
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José Luis Rodríguez Zapatero se convirtió ayer en el prototipo de jarrón chino, la metáfora que acuñó Felipe González para bautizar a los ex presidentes del Gobierno, «muy bonitos, pero nadie sabe dónde ponerlos para que no estorben». El perfil bajo el que Zapatero ha intentado mantenerse desde que abandonó La Moncloa en diciembre de 2011 saltó por los aires después de que trascendiera que este miércoles se reunió con el presidente cubano, Raúl Castro, durante un viaje privado a la isla junto a su ex ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos.

La noticia del encuentro, anunciado a bombo y platillo por los medios cubanos, levantó una ola de críticas desde el Gobierno y el PP hacia el ex jefe del Ejecutivo. Parte de ese malestar se puede atribuir a la errática reacción del ministro de Asuntos Exteriores. En un primer momento, José Manuel García-Margallo afirmó que su departamento no había sido informado del viaje de Zapatero y Moratinos al país caribeño. «En ningún caso, el Ministerio de Asuntos Exteriores ha tenido noticia de esa visita. Lo cual supone una extraordinaria deslealtad en la gestión de la política exterior», afirmó un enfadado Margallo. En vista de las declaraciones del jefe de la diplomacia, el PP salió en tromba contra el ex presidente. Entre otros, el diputado Teófilo de Luis acusó a Zapatero y Moratinos de connivencia con un régimen que encarcela a los disidentes.

Dos horas después de levantarse la polémica, Margallo rectificó en parte su primera versión una vez que la ex ministra socialista de Exteriores, Trinidad Jiménez, aclarase que Zapatero había notificado por escrito al Ministerio su viaje a La Habana. En una segunda comparecencia, el jefe de la diplomacia reconoció que su departamento había sido informado del desplazamiento, aunque destacó que nunca se les adelantó que se fuese a producir una reunión con Castro. También se quejó de que nadie le había telefoneado después para informarle de lo tratado en la entrevista.

Trinidad Jiménez recordó que en este tipo de viajes la agenda se cierra a última hora, más aún en Cuba, donde el hermetismo del régimen no permite anticipar nunca los posibles encuentros con el jefe del Estado caribeño. El propio Margallo fue víctima de esta incertidumbre durante su visita a la isla el pasado noviembre. Entonces, el jefe de la diplomacia mantuvo la esperanza de ser recibido por Raúl Castro hasta el último instante de su estancia en la isla. El encuentro finalmente no llegó a producirse, algo que sí logró Moratinos en sus visitas oficiales a La Habana.

Con el fin de rebajar la tensión, Moratinos se puso en contacto con su sucesor. El ex ministro socialista presentó sus disculpas a Margallo por la polémica generada y le aseguró que no se repetirán casos semejantes en el futuro. Moratinos explicó que, en cualquier caso, el embajador de España en Cuba conocía la reunión con Castro.

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