No pisará el palacio de Cibeles y pactará con todos si es alcaldesa
Ella lo llamaba «el obrón de Cibeles» para afear a su enemigo íntimo, Alberto Ruiz- Gallardón, el dineral que se había gastado en remodelar el palacio de telecomunicaciones de la plaza de Cibeles para que fuera sede de la Alcaldía y otras áreas del Ayuntamiento de Madrid. En consecuencia con su apreciación de entonces, Esperanza Aguirre anunció ayer que ni va a pisar ese gigantesco inmueble si gana las elecciones municipales del 24 de mayo y se convierte en alcaldesa de la capital porque no quiere ocupar un edificio fruto de un sueño «megalómano». Prefiere un Ayuntamiento «pequeñito y modesto».
Ruiz-Gallardón en su etapa de alcalde invirtió entre 510 y 525 millones, según distintas fuentes, en comprar y remodelar el palacio propiedad de Correos con 30.000 metros cuadrados y que fue inaugurado el 31 de marzo de 2011 tras seis años de obras. Aguirre, que nunca ocultó su contrariedad por el, a su juicio, despilfarro que supuso semejante adquisición, anunció en una entrevista en Telecinco que si es alcaldesa regresará a la Casa de Cisneros en la plaza de la Villa, el de «toda la vida».
La presidenta de los populares de Madrid, en la misma línea de austeridad, descartó volver a solicitar unos Juegos Olímpicos.
Esperanza Aguirre, además, se mostró dispuesta a pactar con todos los partidos siempre que los acuerdos supongan «mejoras» para la vida de los ciudadanos. No puso el veto a nadie, ni a Podemos ni al PSOE ni a IU, aunque admitió que será más fácil con los del «espectro más cercano al PP», terreno en el que ubicó a Ciudadanos y UPyD. En los ayuntamientos, resumió, hay que llegar a «acuerdos sobre muchísimas cosas», y un día será con unos y otro, con otros, sin prejuicios.