Se esconde tras los gestores muertos para no revelar el origen de la fortuna
Jordi Pujol júnior afirma que 840.000 euros de 1980 se convirtieron en 8 millones .

Jordi Pujol abandona la sede de los juzgados donde prestó declaración ayer.
Jordi Pujol Ferrusola no aclaró nada en el juzgado. Como el resto de su familia, el primogénito de la saga se parapetó tras los dos primeros gestores muertos de la fortuna opaca en el extranjero del clan. Escondido tras los fallecidos, dijo no poder aportar datos que confirmen o desmientan si verdaderamente ese dinero que la familia movió durante tres décadas en Andorra tiene su origen, como sostiene el ex presidente catalán, en la herencia que su padre, Florenci Pujol, dejó al morir en 1980 a sus nietos y a su nuera.
La comparecencia del primogénito de los Pujol ante la juez que investiga el origen de la fortuna, la titular del Juzgado de instrucción número 31 de Barcelona, Beatriz Balfagón, era muy esperada, sobre todo después de que de su propio padre y tres de sus hermanos menores, Marta, Mireia y Pere, afirmaran en sede judicial que fue él el encargado de mover el dinero de la familia en Andorra durante algunos años.
Pero ‘Junior’, como ya se le conoce en medios judiciales, dijo que no sabía de dónde salió el dinero porque antes que él el patrimonio fue gestionado por los otros dos testaferros de la familia: Delfí Mateu, fallecido en 1993, que lo hizo entre 1980 y 1988; y Joaquím Pujol Figa, muerto en 2004, quien asumió esta tarea entre 1988 y 1990.
De acuerdo a la versión del imputado, solo un poco antes de morir su abuelo le contó que había apartado un «rincón» o una «hucha» para sus nietos, pero que solo en el verano de 1990 fue cuando se puso al frente de la fortuna familiar. Explicó que él, sin hacer muchas preguntas, recibió el control de la supuesta herencia de 140 millones de pesetas de la época en dólares (unos 840.000 euros) a través de unas «láminas financieras de titularidad opaca», una suerte de bonos al portador con inversiones en Estados Unidos, Alemania y Finlandia, entre otros países.
Esos bonos a diez años fueron expirando entre los años 1992 y 2000 y, según vencían, el primogénito fue repartiendo el dinero entre sus seis hermanos y su madre, que abrieron sendas cuentas en Andorra que ellos mismos empezaron a gestionar, ya sin el control del mayor de los hermanos, quien a partir de ese momento se desvinculó de todo. Cada miembro de la familia, excepto el patriarca, recibió por entonces entre 60 y 70 millones de pesetas, de acuerdo con la versión del imputado.
‘Junior’, ante la incredulidad del fiscal y la juez por el aumento exponencial del patrimonio ya en esos primeros años, insistió en que la excepcional rentabilidad de ese producto, unido a la devaluación de la peseta, hizo que los 840.000 euros iniciales de la herencia terminaran por convertirse 30 años después en unos 8 millones de euros, la cantidad regularizada por el clan el pasado 2014.
«Jamás»
El primogénito confirmó, así, en parte, las acusaciones de sus hermanos de que él había sido durante algunos años el responsable de gestionar la fortuna. Pero también, y sobre todo, se esmeró en confirmar las palabras de sus familiares de que el ex presidente de Cataluña, aunque sabía de la existencia de esta herencia no declarada, nunca se benefició directamente de ella ni gestionó el dinero. «Jamás hablé de estos temas con mi padre», apuntó tajante el mayor de los Pujol.
La juez Balfagón imputó al primogénito del clan el pasado 18 de febrero después de que su padre y sus tres hermanos en su declaración judicial del 27 de enero se escondieran tras Jordi Pujol Ferrusola para no dar explicaciones sobre el origen real del dinero que tuvieron en sus cuentas.
Tras estas declaraciones inculpatorias, la magistrada decidió convertir a Jordi Pujol Ferrusola en el sexto miembro del clan imputado en la causa que investiga la fortuna familiar oculta en el extranjero y en la que ya estaban encausados sus padres y sus hermanos Marta, Mireia y Pere.