Muere un segundo montañero en el Atlas por la tardanza en el rescate
El inspector jefe Martínez no pudo aguantar cinco días con un golpe en el cráneo.

La mujer de Martínez muestra una imagen de su marido.
Sus compañeros se desgañitaron en el Atlas hasta quedarse sin voz: «Es un rescate a contrarreloj. Los recursos son demasiado modestos para bajar a una cárcava rocosa de 400 metros de profundidad». Pero los expertos y, sobre todo, los medios técnicos no llegaron a tiempo. Y todo, mientras las autoridades de Rabat retrasaban, una y otra vez, la llegada de las ayudas que desde el viernes por la noche brindó el Gobierno español, dispuesto incluso a enviar helicópteros de rescate.
Al final, el inspector jefe de la policía, José Antonio Martínez, granadino de 41 años, murió la tarde de ayer en el barranco de la cordillera marroquí del Atlas en el que cayó el pasado martes en compañía del también fallecido Gustavo Virues, abogado gaditano también de 41 años; y del agente granadino del CNP Juan Bolívar, de 27 años.
Según informaron a primera hora de la noche de ayer fuentes del Ministerio del Interior, Martínez, que se había fracturado las piernas y golpeado la cabeza en el accidente, aunque había sobrevivido, no pudo aguantar los cinco días en la sima, sin apenas asistencia médica. Bolivar sí que pudo ser rescatado en buen estado de salud y trasladado para ser atendido en la cercana localidad de Uarzazate, capital de la provincia.
Los compañeros de expedición de los tres espeleólogos accidentados en Marruecos no ocultaban ayer su desesperación y tampoco su perplejidad por el hecho de que las autoridades de Rabat hayan tardado casi tres días en decidir finalmente que sí que aceptaban la ayuda de los especialistas españoles para sacar de la sima el cuerpo sin vida del abogado gaditano y rescatar al inspector jefe, entonces todavía con vida, y a Bolivar.
Según explicaron fuentes diplomáticas, este último fue el único que resultó «prácticamente ileso» en el accidente que los espeleólogos sufrieron en algún momento entre el lunes y el martes de la semana pasada, poco después de que los tres decidieran separarse del resto de la expedición (otros seis expertos montañeros) para explorar una zona de cárcavas (profundos barrancos provocados por las avenidas de agua) situada en las inmediaciones de la aldea de Iminulauen, cerca de la localidad de Tarmest, en la ladera septentrional del Alto Atlas.
De acuerdo con las primeras informaciones recabadas con cuentagotas por el Gobierno español, el siniestro se habría producido cuando los tres trataban de descender en cordada una de estas gargantas y cayeron al vacío juntos por motivos todavía por determinar. Se desconoce también si la muerte de Virues fue inmediata. El cuerpo del primero de los malogrados montañeros en fallecer siguió colgado durante horas de una cuerda de escalada en pleno precipicio sin que las asistencias marroquíes pudieran recuperarlo.
Ayer, dos días después de que los compañeros de los accidentados por sus propios medios (alquilando coches y guías) localizaran la sima en la que habían sufrido el siniestro los tres andaluces, las labores de rescate continuaron sin apoyo aéreo, ya que la Gendarmería confesó no ser capaz de llevar a cabo un rescate sin posar el único helicóptero disponible, pues se trataba de una pesada aeronave de transporte, no apta para vuelos estacionarios (en un punto fijo).
Los equipos de salvamento fueron exclusivamente marroquíes, pues tampoco pudieron trabajar en las labores ninguno de los seis compañeros de expedición de los que se habían separado y que siguieron el rescate tanto desde el campo base como desde Uarzazate.
Los expertos enviados por el Ministerio del Interior solo pudieron incorporarse a la operación a última hora de la tarde, ya casi noche, de ayer. Demasiado tarde para socorrer a Martínez.