ANTONIO SILVÁN. CANDIDATO A LAS CORTES DE CASTILLA Y LEÓN POR EL PARTIDO POPULAR
El hombre con la promesa del millón de empleos
«Querer suprimir ayuntamientos, como pretenden otros, es algo ‘contra natura’».
Ha venido siendo una especie de dios Shiva del gobierno autónomico, con brazos en Fomento y Medio Ambiente, y ahora recorre ciudad y provincia en calidad de candidato multidisciplinar. La agenda de Antonio Silván es seria, trazada a tiralíneas, y siempre la sobrevuela una nube de compañeros y expertos. «No hay mejor política social que el empleo», dice este devoto en el evangelio del crecimiento económico
El poder de Silván reside en que Silván se cree a sí mismo. Y mucho. Puede que jamás sepamos qué hay realmente detrás de ese aplomo, de esa seguridad peinada con raya a un lado, de su verbo, hipnótico a pesar de —o precisamente gracias a— ese staccato suyo tan característico, pero no importa demasiado porque todo eso le funciona como un reloj o al menos así lo cree a pies juntillas. No sabremos nunca si Silván es realmente de esa manera o si se trata de un personaje más o menos verosímil creado a base de horas y horas de fidelización a una idea —Castilla y León— y unos modos —los del PP, modos siempre con algo de devoto o de místico—, porque cuando uno va y le pregunta sobre el particular, el candidato lo desarma con su perpetua sonrisa, su prestancia de niño bien y su batir de manos, y en unos segundos la cuestión ya se ha evaporado en el aire.
Un día en la campaña de Antonio Silván como candidato a las Cortes autonómicas (grado indisoluble, por otra parte, de su aspiración a la alcaldía) es un día perfectamente estructurado, con horarios que se cumplen a rajatabla y siempre con mucha, mucha gente moviéndose alrededor del líder. La jornada comienza en la sede capitalina, una reunión con lectura del parte diario a la que muy atinadamente llaman ‘maitines’ en este partido de fe y orden, aunque luego, en persona, lo que creíamos golem institucional con el escudo de castillos y leones grabado a fuego sobre la piel se deshace en llanezas y cercanías. Hay bromas de humor blanco y un buen rollo azul flotando en el ambiente. Entre acto y acto pedimos a Silván que nos destaque los puntos principales de su programa para el parlamento autonómico. «Lo que quieras», dice el candidato de los ojos risueños.
«Hay tres ejes fundamentales: consolidar la recuperación económica con el objetivo de crear empleo, garantizar los servicios públicos y seguir construyendo comunidad». Y desarrolla, didáctico, cada punto. «La recuperación es incipiente, insuficiente aún, y por eso hay que consolidarla. En doce meses, el paro se ha reducido un 10% en nuestra comunidad, o dicho en positivo, hemos conseguido generar 60 empleos cada día, casi al mismo ritmo con el que antes se destruían». El gran objetivo, mantra autonómico, no tarda en aparecer: «Queremos alcanzar el millón de personas ocupadas». Y para ello desdobla un paquete de medidas de apoyo a la creación y mantenimiento de empresas con 50 beneficios fiscales, incluida la reducción de la tarifa autonómica del IRPF y del impuesto de sucesiones para 2016. En cuanto a los servicios públicos, asegura sin pestañear que la sanidad, la educación y los servicios sociales se llevarán un porcentaje «no inferior al 80% del presupuesto», con una inversión en políticas sociales prioritarias de 600 millones de euros y la promesa de llegar a los 11.000 puestos de trabajo relacionados con la dependencia. Este hombre que vive, habla y piensa en un idioma desconocido para muchos, el castellanoleonés, mantiene que la mejor forma de cohesionar la autonomía es «defender a ultranza el municipalismo, algo que nosotros tenemos muy claro pero, por lo que se ve, otros no tanto… Apostamos por mantener los 211 ayuntamientos de la provincia de León porque son las entidades que proporcionan los servicios, es algo ilógico, contra natura, querer suprimirlos». Preguntado directamente por los grandes desequilibrios que sufren estas tierras, asegura que la mejor manera de corregirlos es reforzando «las políticas de empleo». ¿Y cómo? «Haciendo que todas nuestras comarcas sean productivas según su naturaleza». Los envites por el sector forestal, el agroindustrial, la minería («en el mix energético tiene que tener cabida el carbón») y el turismo natural y cultural (aunque para ello hay que cuidar el patrimonio, algo que no siempre ocurre, lamentó, por «inercias de la administración») son los últimos que recorren el tapete.
Luego piensa una frase como moraleja o lema redondo, y la suelta: «No hay mejor política social que el empleo».
Aunque a lo mejor ya la traía pensada de casa.
