VICTORIA RODRÍGUEZ. CANDIDATA DE LEÓN EN COMÚN AL AYUNTAMIENTO DE LEÓN
«Sin mínimos no podrá haber pacto político»
Es su salto a la política institucional, la primera vez que se presenta a candidata aunque tiene una larga trayectoria en el activismo. Forma parte de ese grupo de ciudadanos que ha decidido entrar en las instituciones para cambiarlas. Es la cara y la voz de un partido nuevo, León en Común. Y este es nuestro paseo por la ciudad.

MARCIANO PÉREZ
Nos espera en la calle Varillas, en el portal del Ateneo que ha sido el germen de la candidatura de León en Común y de su paso a la política institucional. «Sube, quiero enseñártelo», invita. Y ahí empieza el paseo. Un recorrido por los propósitos de Victoria Rodríguez.
Dos pisos por una escalera de madera crujiente, de las que tienen las casas de toda la vida, dos vueltas de llave a un cerrojo y se abre ante el visitante una amplia sala a la que se llega pasando por un arco de flores tejido en lana. «Es la ganchillada, la hicimos nosotras y algún ‘nosotros’ mientras los niños estaban en clase de yoga infantil», explica sonriente. «Un trabajo de colaboración, en común», añade. Así que ese inocente arco de ganchillo de mil colores es en realidad toda una declaración de intenciones.
«Aquí nació todo». Todo es un proyecto político que reúne a miembros de las plataformas ciudadanas y las Marchas de la Dignidad en contra de la política de recortes, algún militante de Izquierda Unida y parte de los miembros de Podemos. Y ahí, en un lugar de reunión, intercambio, colaboración e impulso, no sólo cultural, entre todos decidieron dar el salto y presentarse como opción política. La gestión que Victoria Rodríguez hizo del ateneo la aupó a candidata al Ayuntamiento de León, un papel que nunca imaginó esta profesora de Lengua y Literatura en el instituto de Mansilla de las Mulas, casada con otro activista —«en casa nos hemos puesto como límite dos militancias», ríe— y madre de Nicolás, casi cinco años, adoptado.
«¿Te importa si aprovecho para hacer la compra?». Segunda invitación. Mete en su bolso-saco con la impronta ‘made in hecho aquí’ la propaganda electoral. «Ya de paso...».
Y así es como este viaje de mañana con la candidata desembarca en el Mercado del Conde Luna, el lugar donde la aspirante de la calle se va a dar de bruces con la realidad de esa calle harta de tanta campaña electoral, por no decir directamente de los políticos.
— ¿Y ésto?, pregunta Poli en su puesto de pescado.
Esto somos los periodistas. Le explicamos brevemente el porqué de las cámaras. «Que salga la pescadería», pide con gracia. Y señala al luminoso. ‘Pescadería Susa’.
«Así que es candidata...», repiensa mientras abre una bertorella. «¿Cómo te la hago, cielo?». Y mientras la abre como le ha dicho Victoria, entra en la conversación su mujer, Susa.
— Pues a ver si nos hacéis un poco de caso, que vamos...
— Nosotros defendemos al comercio autóctono.
— Ya, mucho prometer al pueblo ahora en campaña, mucho hablar con los ciudadanos y luego nada, ni nos recibís.
«Vienen con mucha promesa y después todo olvidado», dice Susa a los periodistas, como si no lo supiéramos.
¿Le sorprende esta explosión de sinceridad ciudadana a esta política no profesional, que no hace falta que diga que es tímida, que tampoco hace falta que diga que hace por primera vez campaña, que aporta frescura y suavidad en sus formas, que va sola, sin gabinetes ni asesores, y que se identifica con ellos, con los ciudadanos, digo, más de lo que quizá imaginan?
— Nosotros no, nosotros creemos en el poder popular y en que hay que comprar donde se consume. Nos oponemos a los grandes centros comerciales.
Se oye un ¡ah! de alivio y un ¡muy bien!
—¿Y de qué partido dices que eres?
—De León en Común.
—¿Eso qué es?
«Aquí está, guapa, son 17,70», interrumpe Poli. Victora paga y pasamos al siguiente puesto.
En el mercado cubierto del Conde Luna la conocen. Se ve que es verdad que hace allí la compra habitualmente. Es una cuestión de principios. En casa de la candidata de León en Común no se va a las grandes superficies. Por coherencia.
Dos puestos más allá se detiene a por queso de León y embutido de la tierra. Se deja fotografiar entre chorizos pero jamás utiliza esta expresión cuando habla de la corrupción. En los puestos, en cambio sí.
Inma, la propietaria de la chacinería, se alegra de verla. Y aún más de saber que es candidata.
— ¡A ver si es ella la alcaldesa..!
Ríe Victoria con un punto de escepticismo. «Esperamos más de lo que nos dan las encuestas, la verdad, pero no tanto», reconoce. Dos concejales, quizá.
Camino de la Plaza del Grano, donde propone tomar un café en El Grifo, tercera invitación, se lanza a hablar del día después del 24M. Ahí está la clave. Para los ciudadanos también. Porque en estas elecciones, si se hace caso a las encuestas, no se trata tanto de quién va a ganar sino de quién va a gobernar y, por tanto, de quién pactará con quién. Y eso es clave para el electorado, aunque los partidos intenten desviar la cuestión y eviten responder a una cuestión fundamental para elegir.
«Sin mínimos no podrá haber pacto político», anuncia ya de antemano. Luego vuelve a la realidad y zanja: «Es muy pronto, primero hay que sacar un concejal, luego nos reuniremos para ver qué se hace». Porque, asegura, todavía no han abordado esta cuestión.
«No, ni una palabra. ¿Te sorprende?». La verdad es que sí. Pero bueno, serán cosas de la lógica ciudadana más que política.
Para entonces, ya estamos sentadas en El Grifo, en la terraza, a la sombra de la casa, ‘a la abrigada’ que dicen en León. Se anuncia el día más caluroso de mayo de todos los tiempos. Pedimos un café con leche, un vaso de agua y una caña de cerveza con limón con más limón que cerveza, y regresamos a los mínimos.
Son, por este orden, la gestión pública directa de todos los servicios municipales privatizados, la protección a quienes sufren la crisis, garantizando el acceso a la vivienda, a los suministros de agua y energía y a los servicios sociales básicos, una moratoria para la creación de nuevas grandes superficies y la negativa a aplicar la Declaración de Zona de Gran Afluencia Turística, la conversión del Ildefe en un consejo que genere políticas de empleo reales, el apoyo a los agricultores y ganaderos leoneses, empezando por la compra de sus productos para comedores escolares, hospitales y centros sociales, y una auditoría para conocer no sólo la deuda real del Ayuntamiento, también cómo se ha gestionado y a qué empresas se ha favorecido con los servicios. Quedan avisados los interesados. Todo esto, advierte, es competencia municipal, nada de teoremas ni utopías.
En la Plaza del Grano desgrana su ideario de acción política. Y lanza, nada más sentarnos, la primera andanada a Silván, el candidato del PP.
«Con el turismo todo vale, hasta se puede mentir históricamente», acusa. No hace falta que pronuncie las palabras Santo Grial. «¿Y quieren declarar Patrimonio de la Humanidad a esto?», señala los adoquines levantados de la plaza, todos los huecos rellenos de hierbajos... Lanza la propuesta de León en Común. «Las brigadas municipales, la Escuela de Oficios, los arquitectos y los arqueólogos municipales mantendrían no sólo la plaza, León entero en condiciones. No hacen falta proyectos faraónicos ni ingentes cantidades de dinero, sólo apoyar a los trabajadores del Ayuntamiento y sentido común». «Pero claro, como subcontratamos los servicios a las empresas del Ibex 35...», añade. Que el lector ponga los nombres.
En eso se centra la campaña de León en Común, que recorre la ciudad señalando los desaguisados y proponiendo las formas de arreglarlos, todos con empleados del Ayuntamiento.
El Grano le inspira para hablar del modelo económico que defiende León en Común, una economía real que potenciará el consumo de los productos autóctonos, «en los comedores escolares, en los hospitales, en todos los centros dependientes del Ayuntamiento. Eso permitirá vender a los pequeños agricultores y ganaderos leoneses porque los Productos de León en Nueva York o en tiendas gourmet sólo benefician a unos pocos y sólo los consumen unos pocos».
Quieren también revitalizar el mercado de frutas y verduras y señalizar bien qué productos vienen directamente de la huerta leonesa. Potenciar el empleo en el pequeño comercio frenando la instalación de grandes superficies. Combatir la corrupción señalando no sólo al político que se corrompe, también al empresario que lo corrompe. Ayudar activamente desde el Ayuntamiento a los más azotados por la crisis «pero no haciendo caridad con el Banco de Alimentos». Aplazar el pago de la deuda para anteponer los intereses de los ciudadanos. Y mantener su oposición a las políticas de recortes «que han empobrecido a la gente».
Ha firmado, como sus compañeros, un código ético por el que no podrá cobrar más de 1.800 euros netos, incluyendo dietas y asistencia a plenos etc. y todo lo demás Ella, asegura, perderá dinero. Se ha pedido quince días sin sueldo para hacer campaña, que suena a condena pero que permite que se contrate a una interina. Es su contribución personal a la defensa del empleo público.
Le llaman por teléfono. Cosas de su nueva actividad. «¿Te importa si seguimos más tarde?». Cuarta invitación. Al café invito yo.