Rajoy debe decidir qué hacer para que el PP gane las elecciones generales

Los cambios que planea el jefe del Ejecutivo serán la prueba de fuego para recuperar o no la confianza de los votantes.

El presidente, Mariano Rajoy, durante la reunión del Círculo de Economía.

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nuria vega | madrid
León

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No es costumbre en el PP elevar la voz frente al presidente, aunque se haga con matices como Juan Vicente Herrera. Por eso sorprendió que el martes el barón castellano y leonés aconsejara a Mariano Rajoy mirarse en el espejo antes de decidir sobre su futuro inmediato. La dureza del mensaje, como admitían en la formación, ha situado al jefe del Ejecutivo ante un cristal que le devuelve la imagen de alguien en la encrucijada de qué hacer para que el PP gane las elecciones generales que se convocarán a finales de año. La primera decisión en ese camino le atañe a sí mismo y nunca ha dudado de que, por «derecho» y por justicia, él es quien debe concurrir a los comicios en representación de los populares, como ayer volvió a dejar claro en su intervención ante el Círculo de Economía, en Sitges. Desde luego, los estatutos lo amparan. Es ya, de hecho, el candidato del partido. ¿Pero es la mejor opción? ¿Le conviene al PP cambiar de apuesta a pocos meses de las votaciones?

El acusado desgaste tras cuatro años de restricción económica, de ausencia de relato político, de incumplimientos electorales y de escándalos de corrupción que han puesto en duda el funcionamiento del partido y sus prácticas, se ha pagado en las urnas. La presidenta en funciones de Aragón, Luis Fernanda Rudi, recordaba el lunes que si el primer aviso se había producido en las elecciones europeas de 2014, el domingo pasado los ciudadanos decidieron hacer tabla rasa. La ola que arrastró al PP andaluz en los comicios del 22 de marzo se ha convertido en el tsunami que la semana pasada barrió a los populares de la mayor parte de los gobiernos que hasta ahora administraban.

En este escenario, Rajoy encarna, para muchos de los suyos, el agotamiento de una forma de dirigir el partido y el Gobierno y de hacer política. Ya ocurrió en la crisis interna de 2008, pero nuevamente se alzan las voces que cuestionan la continuidad del presidente, a quien responsabilizan de los resultados electorales y del caos en el que se ha sumido el PP. Hasta entre los dirigentes menos críticos se reconoce que «nunca» la formación estuvo tan descontrolada y, aunque el debate viene cietamenente de lejos, el mito de la maestría del presidente en el manejo de los tiempos comienza a desvanecerse. La contención se ha convertido en incapacidad de reacción a ojos de quienes el lunes asistieron al Comité Ejecutivo Nacional en el que se hizo balance de los votos obtenidos el 24M.

Esa reunión marcó el punto de inflexión. Aquella tarde, por primera vez desde 2004, no era Rajoy sino sus barones los perjudicados en las urnas. Por primera vez, el presidente no convocó la reunión para consolarse a sí mismo con eso de que unas veces se gana y otras se pierde, y seguir adelante. Por eso, esta vez, algunos han dicho basta. La rueda de prensa en la que el jefe del Ejecutivo descartó cambios en el partido y en el Gobierno y se reafirmó como candidato ideal, terminó por descorazonar a los dirigentes regionales que reclaman al menos, si no la retirada de Rajoy, sí redirigir el rumbo, recuperar los fundamentos del PP más allá del discurso económico, y reemplazar, a quien sea necesario.

En el entorno del jefe del Ejecutivo apuntaron que el mensaje del presidente no se había leído bien. Cuarenta y ocho horas después, presionado por la magnitud de la marejada en sus filas, Rajoy volvía a comparecer en los pasillos del Congreso de los Diputados sin descartar esta vez los inconcretos cambios. Para entonces, los barones se habían visto abocados a anunciar su retirada futura de las presidencias regionales del partido. Les tocaba responder al castigo de los ciudadanos, aunque fuentes de la dirección y del Gobierno censuran las prisas y que se debilite a la organización.

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Rajoy admitió ayer que tiene mucho que cambiar y garantizó que lo hará. «Si el PP rectifica algunas cosas -dijo- vamos a volver a merecer una mayoría muy amplia». Pero más allá de matizar que cuando dice eso no piensa en la política económica no aportó nada, escudado en que no es partidario de modificar cosas de la noche a la mañana.