PSOE y Podemos se enseñan los dientes antes de acudir al auxilio mutuo
Iglesias y Sánchez inician diálogos que pueden derivar en gobiernos en minoría absoluta.

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, en un acto celebrado ayer en Toledo.
No es fácil la posición de Pedro Sánchez respecto a Podemos, pero tampoco la de Pablo Iglesias respecto al PSOE. Los líderes de los dos partidos que luchan por la hegemonía de la izquierda -el viejo, con más de 130 años de historia, y el nuevo, con apenas año y medio de vida- están obligados a entenderse. Ambos necesitan el impulso que puede proporcionarles liderar gobiernos autonómicos y locales a pocos meses de las generales para ser vistos por su electorado como los artífices del giro social frente a los recortes del PP y el resultado de las urnas los ha hecho interdependientes, pero ninguno desea alimentar las expectativas electorales del contrario; lo que conducirá a España, con toda probabilidad, a gobiernos de minorías absolutas en, al menos, seis autonomías.
Sánchez e Iglesias están aún en fase de ‘roneo’. Ambos sacan pecho y agitan el plumaje antes de sentarse a hablar, a principios de esta semana, sobre su posición de cara a las investiduras de la Comunidad de Madrid, la valenciana, Aragón, Extremadura, Baleares, Asturias, Castilla-La Mancha e incluso Andalucía y ciudades como Madrid, Valencia y Zaragoza.
De las investiduras. Nada más. Porque ambos han anticipado ya que no formarán coaliciones de gobierno con el otro, de modo que todo apunta a legislaturas complejas en las que cada decisión del ejecutivo que requiera el refrendo de la cámara regional puede obligar a negociaciones concretas a varias bandas, como ocurrió en los agónicos últimos meses del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
De momento, en un intento de aplacar los recelos que ambos encuentran en sus propios partidos a un entendimiento, el cruce de declaraciones ha comenzado. Si el sábado el secretario general de los socialistas afirmó que sería «muy exigente» y tranquilizó a los miembros del Comité Federal del partido con el argumento de que el PSOE no girará, que está donde siempre ha estado y donde siempre estará, Pablo Iglesias hizo ademán de bajarle los humos. «Ni una sola duda respecto a que queremos frenar al PP y sacarles de las instituciones, pero quien quiera entenderse con nosotros, Pedro, tiene que dar un giro. Si el PSOE no gira, con nosotros no hay acuerdo», dijo en un acto en Toledo.
El líder de Podemos no se ahorró el tono cáustico. «Más humildad, Pedro -dijo insistiendo en el tuteo informal- habéis tenido el peor resultado electoral desde 1979». Sabía lo que decía. También cuando ironizó sobre la «euforia» del socialista. Utilizó exactamente la misma palabra que el que fuera el principal rival de Sánchez en el congreso extraordinario del pasado verano, Eduardo Madina, quien el sábado rompió por segunda vez su silencio en los órganos del partido para mostrar su discrepancia con el análisis que la dirección socialista ha hecho de los resultados del 24M.
Iglesias no salió, aún así, de su ambigüedad a la hora de fijar líneas rojas a las investiduras. Sólo hizo hincapié en dos: que se garanticen políticas de «rescate ciudadano» y que no haya tolerancia con la corrupción. Los socialistas aseguran que en esto último Podemos no les gana y en cuanto a las políticas sociales sólo matizan que ellos mirarán además por la sostenibilidad del Estado de Bienestar.
La concreción llegará en los próximos días, pero ya es obvio que el pacto es más complejo en unos sitios que en otros. En la Comunidad Valenciana Podemos alienta a Mónica Oltra, de Compromís, a intentar presidir el gobierno, pero el socialista Ximo Puig, que aboga por liderar un ejecutivo de coalición con ella (apoyado desde fuera por Podemos), ya ha comenzado a sondear preventivamente a Ciudadanos, que a priori no tendría mucho problema en respaldarlo. Sería un gobierno numéricamente más débil, pero quizá políticamente más estable. En Baleares, si Podemos obtuviera el apoyo de los nacionalistas de Mes tendría más apoyo que la socialista Francina Armengol, salvo que a esta le apoyara el PP. Y en la Comunidad de Madrid no habrá nada que hacer si Ciudadanos opta por prestar sus votos a la ‘popular’ Cristina Cifuentes.