Diario de León

POLÍTICA

Sánchez rompe el tabú y exhibe la bandera para neutralizar al PP

«Erradicaré el paro y la corrupción», promete tajante en su discurso de proclamación

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P. DE LAS HERAS | MADRID
León

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Una gigantesca bandera de España al fondo. Y Pedro Sánchez sobrio en su traje oscuro ante el atril. Nada de lo que dijo el secretario general de los socialistas en su discurso de proclamación como candidato a la Moncloa tuvo tanto impacto como esa imagen. Por paradójico que resulte, quizá sea lo más rompedor que ha hecho el líder de la oposición desde que tomó las riendas del PSOE en un intento de arrebatar al PP el patrimonio exclusivo de la enseña nacional, ganar poso institucional y combatir esa idea que Mariano Rajoy martillea un día tras otro desde que las alianzas con Podemos desbancan a los suyos del poder en municipios y comunidades autónomas: que el PSOE traerá radicalidad.

No fue muy concreto en sus propuestas, pero si contrajo una promesa que le perseguirá si llega a la Moncloa. «Erradicaré el paro —dijo— y la corrupción».

Las palabras del PP hacen daño a los socialistas no sólo de puertas afuera. También en su seno hay cierto temor a que la necesidad de apoyarse la fuerza emergente acabe pasando factura. Sobre todo, porque a nadie se le escapa que el partido de Pablo Iglesias ambiciona ocupar el espacio socialdemócrata. De ahí, la promesa de Sánchez. «Quienes nos precedieron en el PSOE mantuvieron celosamente la autonomía de nuestro proyecto, nunca lo subordinaron a otra fuerza que a la voluntad de nuestro proyecto ni a otro interés que al de la clase media y trabajadora —dijo—. Nosotros mantendremos la autonomía de nuestro proyecto para entregarlo a las siguientes generaciones tan libre como lo recibimos».

El uso de la rojigualda —proyectada sobre el foro del escenario durante los cinco primeros minutos de su alocución y de nuevo durante los cinco finales— marca sin dudas distancias respecto a Podemos, pero no es un gesto exento de riesgos porque en algunos sectores socialistas el símbolo nacional genera cierto escozor.

Un asunto discutido

No han sido pocas las veces que las distintas direcciones del partido han discutido sobre este asunto, pero jamás nadie se había atrevido a romper ese ‘tabú’ con semejante alegría. En la época en la que Zapatero lideró el partido, los socialistas llegaron incluso a alegar que la bandera colocada por el Gobierno de Aznar en la plaza de Colón de Madrid era un acto de «confrontación» y hería «sensibilidades».

Sánchez ha decidido dejar todo eso atrás. Dicen los suyos que sabían que la idea podía levantar algunas ampollas, pero que «la bandera nos representa a todos» y que eso es algo que, especialmente en las nuevas generaciones, está interiorizado.

En parte, además, su decisión tiene algo de ‘ponerse el mundo por montera’, después de haber sobrevivido a las zancadillas de muchos de los que le auparon a la secretaría general en el congreso extraordinario de 2014, para empeñarse luego en que no fuera el candidato. La amenaza, acabó diluyéndose entre los resultados del 24M y las obligaciones de Susana Díaz (referente de los ‘sediciosos’) en Andalucía. Así que el líder se regaló un acto de proclamación rimbombante, muy a la americana.

Después de que su estrategia de pactos («con todos menos con el PP y Bildu») haya servido al Ejecutivo para acusarlo de frentista y para cuestionar su partidismo , él buscó el modo de presentarse como un hombre atemperado. «El diálogo y el acuerdo requieren el reconocimiento de la dignidad moral del adversario», dijo. Y justificó su posición respecto a los populares: «Sé bien que hay muchos interesados en que nada cambie, pero las cosas están cambiando», alegó.

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