Una comarca que ya no será igual tras la crisis

Aníbal Fernández es el Presidente del Club Financiero y Social del BIerzo.

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ANÍBAL FERNÁNDEZ
León

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La inicialmente negada crisis económica, que se inició en el año 2008 a nivel internacional, sin que España fuese excepción a la misma, es lo cierto que apenas fue sufrida por la distintas empresas radicadas en el Bierzo hasta bien avanzado el año 2009, lo que quizás nos hizo pensar, ingenuamente, que la actividad económica de la comarca gozaba de alguna clase de «mágica inmunidad» que nos mantenía al margen de ella.

Esta circunstancia, que se ha venido repitiendo en otras crisis económicas anteriores, también es una constante a la hora de nuestro secular retraso en iniciar el camino de la recuperación económica.

En el año 2008, que tomamos, en todo caso, como referencia inicial, la economía berciana se sustentaba, principalmente, en cuatro grupos de actividades económicas:

1.- Las actividades mineras, principalmente referidas a la extracción de carbón y de pizarra, con sus respectivas industrias auxiliares (venta de maquinaria pesada, transportes por carretera, talleres de reparación de maquinaria, etc...).

2.- Las empresas dedicadas al sector de la construcción y las abundantes auxiliares de dicha actividad (almacenes de venta de materiales de construcción, fabricación de vidrio, mobiliario, instaladores eléctricos, etc...).

3.- Las empresas dedicadas a la construcción de estructuras metálicas, como naves industriales, o las dedicadas a la elaboración de estructuras para la instalación de generadores de energía eólica.

4.- Las actividades relacionadas con la agricultura (principalmente viticultura, cultivos hortofrutícolas y explotaciones forestales), así como las escasas industrias de transformación de productos agrícolas de que disponemos en el Bierzo.

De tales actividades, la primera de ellas resultó especialmente impactada, durante estos años de declive económico, ya que la paulatina reducción de la actividad extractiva de carbón que se venía produciendo desde, al menos, los 20 años inmediatamente anteriores,se aceleró muy notablemente, siendo la fecha clave para el sector de la minería del carbón el 8 de Diciembre de 2010 cuando la UE, por medio del Consejo Europeo de Ayudas al Carbón, aprobó la decisión 787 que entró en vigor el 1 de enero del 2011, sin oposición, de clase alguna, por parte del Gobierno de la nación presidido, en aquel entonces, por el leonés Rodríguez Zapatero, y que supuso la concreción de una fecha exacta y determinada para el cierre de todas las explotaciones, que para ese año se verán avocadas al definitivo cierre, o bien, para poder permanecer abiertas, obligadas a la devolución de cuantas ayudas y subvenciones se les hubiesen entregado hasta entonces, lo cual constituye un completo absurdo, por cuanto que lo que impondría la lógica es la progresiva supresión de tales ayudas, pero con el fin de que sobreviviesen tan solo aquellas empresas que fuesen rentables sin ayudas públicas, a partir de ese momento.

La industria de la pizarra también se vio seriamente golpeada comoconsecuencia del parón de la construcción en los grandes mercados europeos, habituales compradores de dicho producto, como el francés, el alemán, el belga o el británico, si bien,y afortunadamente, parece haber superado ya el periodo más crítico.

En cuanto a las empresas dedicadas a la construcción y todas cuantas dependían de ellas, en poco nos hemos diferenciado de la gravísima crisis que ha sufrido el resto del país, como consecuencia de los excesos cometidos durante el último decenio, en el que la facilidad de crédito barato impulsó la construcción de cientos de miles de viviendas que carecían de posibles adquirentes solventes. En la ciudad de Ponferrada la situación se vio notablemente exagerada como consecuencia del desarrollo de las unidades de actuación urbanística del barrio de la Rosaleda, en el que se llegaron a construir miles de viviendas,imposibles de ser absorbidas por una población que no llega a los 70.000 habitantes.

En lo referente a las empresas de la construcción de estructuras metálicas, y en especial a aquellas que se dedicaban a la elaboración de estructuras relacionadas con la energía eólica, muy intensivas todas ellas en mano de obra, se vieron muy duramente golpeadas por la brusca paralización de la construcción de nuevas naves industriales y parques eólicos por todo el país, siendo prácticamente las primeras en desaparecer.

Finalmente, las actividades relacionadas con la agricultura son las que mejor han resistido esta larguísima crisis, y ello no solo por pertenecer a un sector económico anticíclico, como es el alimenticio, sino también porque el pequeño tamaño de las empresas productoras les han dotado de una elasticidad de la que carecían las más grandes, unido a una extraordinaria capacidad de adaptación y dinamismo que les ha llevado a la búsqueda de nuevos mercados, siendo un magnífico ejemplo de ello la trayectoria seguida por la mayor parte de las bodegas incluidas en la DO.

Llegados a este punto, con buena parte de nuestro tejido productivo completamente destrozado y desaparecido, empiezan a vislumbrarse algunos rayos de esperanza, como la recuperación de actividad por parte de la importante entidad «LM Wind Power, S.A.», que se ha traducido en la contratación de más de 300 trabajadores y la previsión de próxima contratación de otro número similar, junto con nuevas inversiones ya previstas, como la industria cárnica de alta tecnología «I.G.C.», empresas ambas que por el importante número de trabajadores que emplearan, revisten especial importancia, dada la enorme tragedia que supone el insoportable nivel de paro que padecemos en la comarca, más próximo y cercano a las cifras de regiones como Andalucía, Extremadura o Canarias que a la de Castilla y León en la que nos ubicamos.

En todo caso, el camino será largo y seguirá siendo doloroso para muchos de los que fueron emprendedores en esta tierra y de aquellos otros que aspiran a serlo en el futuro. Esperemos que, en todo caso, nos sirvan las tragedias vividas para sacar conclusiones de futuro, que sí que nos puedan dotar esta vez sí, al igual que al resto de nuestro país, de esa «inmunidad» a la que nos referíamos al principio, lo cual solo podría ser alcanzado si nuestra legislación laboral, civil y mercantil, es acorde a aquella de la que disponen los países avanzados de nuestro entorno económico, que les permitió afrontar con una flexibilidad mucho mayor la crisis económica padecida, de lo cual da buena cuenta el que sus cifras de paro nunca llegaran a alcanzar siquiera la mitad de las nuestras.

Y es que superada esta crisis, llegarán otras,.... Ello no es ninguna novedad, la denominada ‘destrucción creativa’, cuya formulación popularizo el prestigioso economista austriaco Joseph Schumpeter, va unida indisolublemente, a nuestra economía libre de mercado.

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Soñemos que de nuestras cenizas puedan surgir nuevas empresas con proyectos económicos sólidos, dinámicas e innovadoras y que llegadas a esos nuevos momentos críticos venideros dispongan de los mecanismos legales para que puedan responder con rapidez y flexibilidad, de manera que no se vea comprometido, íntegramente, su proyecto empresarial...Su supervivencia, y, por ende, el bienestar de la mayoría de bercianos, nos va en ello.