Presente templario y futuro sobre raíles
La Noche Templaria abre verano en Ponferrada, que tiene en su pasado ferroviario más de un reto pendiente.

Obras en el museo.
Tres lustros después de su nacimiento, y apoyado en el poderoso reclamo que supone el Castillo, Ponferrada ha convertido a las fiestas de la Noche Templaria en una realidad consolidada que aspira en próximas ediciones a convertirse además, en un referente en las celebraciones de época. Involucrados el Ayuntamiento, los hosteleros y asociaciones medievalistas, la Noche Templaria, que se celebra cada año con la primera luna llena del verano, ha crecido hasta convertirse en una mezcla de espectáculo —la ficción del traslado de las reliquias del Santo Grial y del Arca de la Alianza al Castillo— gastronomía, escaparate turístico, y ceremonial vistoso como el nombramiento de caballeros templarios. Pero al igual que sucede con otras celebraciones similares que también ha cogido solera como Toral en Tren, la fiesta templaria debe dar un salto de calidad, especialmente a la hora de diseñar su promoción exterior para —y la oportunidad del Camino de Santiago es una buena plataforma— atraer a más visitantes cada año.
A Ponferrada también le queda por capitalizar a nivel turístico la reciente declaración de su Semana Santa como Fiesta de Interés Turístico Nacional. Pero el mayor reto de la ciudad, a corto y medio plazo es reconciliarse del todo con su pasado ferroviario. Los esfuerzos por recuperar los talleres de La Placa y convertirlos en visitables desde el Museo Ferroviario, el menos visitado de la ciudad, y la asignatura pendiente del tren turístico Ponferrada-Villablino, medirán la ambición de los gestores.