Una cuestión de arqueología electoral
No siempre la izquierda del PSOE ha estado ocupada por IU, antes Partido Comunista de España. En las elecciones de 1977 y 1979, una pléyade de fuerzas de extrema izquierda, muy dinámicas en la lucha contra el franquismo, aceptaron el reto de las urnas y, pese a las expectativas, sus resultados fueron desastrosos. Desde entonces quedó sentado que la izquierda de los socialistas estaban los comunistas y nadie más.
A las primeras elecciones democráticas, se presentó el Frente Democrático de Izquierda, impulsado por el maoísta Partido del Trabajo de España, y fue el primero de los extraparlamentarios de la extrema izquierda con 122.000 votos, el 0,6%. Detrás se situó la Alianza Socialista Democrática, cuyo motor era el anquilosado PSOE histórico de los seguidores de Rodolfo Llopis, el santón socialista en el exilio descabalgado por Felipe González. Obtuvieron 101.000 papeletas, el 0,5%. Los también maoístas de la Organización Revolucionaria de los Trabajadores estaban detrás de la Agrupación Electoral de Trabajadores y consiguieron 77.000 sufragios, el 0,4%. Los trotskistas de la Liga Comunista Revolucionaria se camuflaron en el Frente de Unidad de los Trabajadores y cosecharon 41.000 votos, el 0,2%. En total, poco más de 340.000 sufragios, el 1,7%.
Dos años después repitieron sin maquillajes y con sus nombres propios, pero también divididos. Algo mejoraron, pero entre todos sumaron poco más de medio millón de papeletas, el 2,3% del total. A partir de ahí, casi desaparecieron del mapa electoral y político.