Rajoy cede protagonismo electoral a su vicepresidenta y dispara las especulaciones
El rostro de Sáenz de Santamaría inunda Madrid en un intento de vender una imagen experimentada

La vicepresidenta del Gobierno Sáenz de Santamaría
Madrid amaneció ayer con el rostro de Soraya Sáenz de Santamaría inundando las calles de la ciudad. En las farolas de las principales avenidas, el candidato del PP a La Moncloa se había desdoblado. Cada dos carteles de Mariano Rajoy, colgaban dos banderolas de la vicepresidenta. La sorpresa sirvió para alimentar las teorías sucesorias en tertulias y mentideros de la capital. Quienes quieren ver en la número dos del Gobierno la apuesta más presidenciable de los populares encontraron un argumento más para sus tesis. Pero, al menos por ahora, en el equipo de campaña de Rajoy simplemente tratan de explotar un perfil que les favorece en esta campaña.
«Mujer, preparada, experimentada y relativamente joven». Así ve el director de estrategia de los populares, Jorge Moragas, a la mano derecha del presidente. Esas cualidades se han convertido en un arma electoral frente a los tres los adversarios que pasean su juventud por los platós televisivos. Albert Rivera, 36 años; Pablo Iglesias, 37; Pedro Sánchez, 43; Mariano Rajoy, 60. Ese es el contraste que más ha preocupado a los dirigentes del PP en los últimos meses.
Antes de desestimar el ofrecimiento, en las discusiones sobre si era o no conveniente que el jefe del Ejecutivo asistiera al debate del próximo lunes junto a los principales candidatos a La Moncloa, se valoró y mucho, entre otros factores, el impacto de una imagen en la que el presidente iba a encarnar de manera inexorable la vieja política frente al nuevo concepto que representan, sobre todo, Rivera e Iglesias. Es en este contexto en el que se explica el rol que han decidido asignarle a la vicepresidenta.
El protagonismo que está asumiendo es inédito y así lo admiten en el entorno de Sáenz de Santamaría. «Llegará a donde no llegue el presidente», reconocen fuentes del Ejecutivo. Y en algunos casos, la apuesta puede resultar arriesgada. En esta campaña de tándem, la número dos del Gobierno se ubicará el lunes en el debate a cuatro de Atresmedia a la derecha del estudio. Desde allí tratará de rebatir los argumentos de Sánchez, Rivera e Iglesias, que convertirán la inasistencia de Rajoy en el principal de sus reproches al PP. La ausencia es difícil de cubrir.
Pero la «todopoderosa» Soraya, como la ven muchos en el Ejecutivo, desdeña las dificultades que puedan plantearle el líder del principal partido de la oposición y los otros dos aspirantes. Si la prudencia aconseja pensar que no hay enemigo pequeño, Sáenz de Santamaría cree que a «toros más duros» se ha enfrentado en cuatro años de mandato, y confía en que su gestión de esta legislatura, la misma que ahora reconoce estar «repasando», sea suficiente para hacer frente a los envites.
La falta de experiencia de los líderes de las formaciones emergentes o la caída del PSOE en las encuestas, serán algunos de los puntos débiles del contrario.
En el PP siguen sin ver sus posibilidades de suceder a Rajoy e inciden en que ha vivido al margen del partido y sin preocuparse por él en los últimos años. Ella misma esquiva la «hipótesis» y pide que no se extraigan lecturas equivocadas de sus actos. Pero todos son conscientes también de que en política lo improbable se vuelve factible si las circunstancias así lo recomiendan.