Un presidente a la defensiva y amarrado a las cifras ante los reproches
Mariano Rajoy se vio obligado a jugar a la defensiva en un partido en el que Pedro Sánchez tiró a puerta una y otra vez. 24 horas antes de que comenzara el debate, en el palacio de La Moncloa confiaban en que el bagaje de cuatro años de Gobierno proporcionaran al presidente el armazón suficiente para imponerse a su adversario. Pero las intervenciones del jefe del Ejecutivo acabaron por convertirse en una justificación punto por punto de cada decisión adoptada desde 2011.
Rajoy, con traje oscuro presidencial y corbata azul, arrancó el cara a cara tratando de vender sus éxitos económicos. Repasó todos sus clásicos aprendidos de memoria y volvió al relato de aquella España que era «el enfermo de Europa» y que superó la quiebra. Pero su argumentario, preparado de manera exhaustiva por sus asesores, cayó en saco roto.
Le costó al presidente colar su mensaje ante la tormenta de acusaciones desde el otro lado de la mesa.
La de demostrar que su rival también tiene un pasado, era una de sus bazas junto a los datos macroeconómicos. Pero las cifras se quedaron frías y Rajoy se resistió a desprenderse de ellas a pesar de que la «falta de piel» ha sido uno de los reproches de la legislatura.