DEMOGRAFÍA El reto más grave de la campaña

E n vísperas de las elecciones, nuestros políticos provinciales andan revueltos y preocupados por los datos demográficos de la provincia, y no es para menos. Aunque el mal viene de lejos. León desde 1960, año en que alcanzó su mayor número de habitantes, 584.594, hasta nuestros días ha perdido más de 100.000 habitantes. Esta dinámica no ha sido igual en toda la provincia, pues León ciudad, Ponferrada y el municipio de San Andrés han mantenido un incremento lento pero continuo, mientras que los municipios rurales vienen perdiendo población de forma acelerada, llegando a aparecer zonas semidesérticas, con densidades demográficas inferiores a los 5 hab./km2, como sucede en las comarcas de La Cabrera, Riaño-Sajambre y Babia, y sin que supere ninguna de las zonas rurales los 20 hab./Km2. Las causas de esta grave situación demográfica son, entre otras, la caída de la natalidad y el aumento de la mortalidad, que arrojan un saldo vegetativo negativo, los saldos migratorios, también hoy negativos y la dispersión geográfica de la población. Hemos de completar el análisis demográfico con otras dos variables: la esperanza de vida (82,94 años), ligeramente superior a la media nacional, y el consiguiente envejecimiento de la población. León tiene un 25,34% de su población con más de 64 años, lo que la convierte en una de las provincias más envejecida de España. Desde el punto de vista demográfico, León se encuentra en una situación grave, y para salir de esta situación solo hay dos formas: una mediante la aplicación de políticas familiares con importantes apoyos económicos y sociales a la natalidad y a las familias numerosas, como ya lo están haciendo otros países europeos también envejecidos; y la otra, mediante una política económica agresiva e innovadora, orientada a crear nuevos puestos de trabajo y unas condiciones socio-laborales capaces de ejercer un «pull» o atracción, primero para fijar la población joven autóctona y luego para crear una corriente de inmigración también joven que venga a aumentar la población activa y a contrarrestar el grave envejecimiento demográfico. Estas alternativas no deben tener color político. Los leoneses no entenderíamos que, por intereses de partido, nuestros políticos no se pusieran de acuerdo para trabajar todos juntos en esta dirección. Las dos alternativas son válidas, pero las dos difíciles de conseguir, por lo que se necesita la colaboración de todos. Este es uno de los retos más graves que hoy tiene planteado León y estas son las exigencias que hemos de hacer a nuestros políticos con carácter de urgencia, para que busquen respuestas, bien con un «Pacto de la Comunidad», bien con un «Consejo de Políticas Demográficas», o de alguna otra manera. Finalmente, la otra circunstancia que agrava la situación de León es la dispersión de su población en pequeñas entidades y en municipios de dimensiones tan reducidas que son incapaces de crear las infraestructuras y servicios considerados necesarios para asegurar un cierto nivel de vida y de bienestar social. Este problema podría encontrar solución en la concentración de municipios o en las mancomunidades con presupuestos suficientes para hacer frente a sus obligaciones. De lo contrario, los pueblos continuarán despoblándose, los municipios seguirán sin capacidad gestora y León seguirá desangrándose lentamente, mientras nuestros políticos se pelean por ver quien promete mejores soluciones en tiempos de campaña electoral.