Diario de León

Publicado por
LUIS HERRERO RUBINAL ABOGADO
León

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N o cotizan en el Ibex de las promesas electorales ni son objeto de mensajes de campaña. Ya no están en el mercado. Los aspectos referidos a la identidad leonesa, a la autonomía o al referéndum han desaparecido como por ensalmo del debate diario. El leonesismo no tiene quien le escriba pues sus abanderados permanecerán mudos hasta dentro de cuatro años y los demás saben que lo prudente es no meneallo. Evitarán despertar de su letargo a la fiera regionalista porque cuando ruge aviva sentimientos, destapa vergüenzas, rememora cobardías.

Entreveradas con las opciones políticas clásicas, aparecen otras a las que llaman emergentes. De las clásicas sabemos que son como dos gotas de agua castellana y que rivalizan entre sí por ver quién desencanta más al personal. Son títeres que «por dignidad» deberían defender una propuesta pero, indignos ellos, aprueban la contraria. Guiñoles con cerebros descarbonizados, aunque los veáis en campaña ataviados de mineros.

Emergen otros Ciudadanos que apuestan por el modelo catalán de suprimir las diputaciones. Sentencian a una administración básica para el mundo rural sin encomendarse a las villas, a los pueblines, ni a sus Ciudadanos. Sin renunciar a sus sueldos, los mismos que pretenden ahorrar. Sin pisar el barro de una provincia que, puestos a tachar instituciones caras y prescindibles, empezaría por barrer a la Junta. Emergen otros, con los que tampoco Podemos. Porque al principio parecía que sí, que sí Podemos con el referéndum autonómico. Pero al día siguiente resultó que no: rectificaron, recularon y precisaron que en León no Podemos elegir autonomía dentro de España; aunque en Cataluña sí Podemos votar la secesión y la ruptura de España.

Abismados por tantos desvaríos planteamos «qué hay de lo nuestro». Con qué aderezos nos sorprenderán en la legislatura venidera. Hasta dónde seguirán diezmando la identidad leonesa. Quiénes planean reformar la Constitución para, entre otras cosas, «blindar el mapa autonómico»: sellar ese casamiento (caso y miento) de conveniencia entre Castilla y León y apuntalar la condición sacrosanta e indisoluble del bodorrio.

No hay más mimbres. León ha desaparecido del mapa: solo conserva el vetusto pellejo y un puñado de votos que trincar. Atrás quedaron diputados de la talla de Baldomero Lozano, socialista y modelo de sensibilidad hacia lo leonés. O de la altura humana y jurídica de José María Suárez quien ante las agresiones autonómicas vestía de luto el atuendo y el alma —esta «morida de amor por su tierra», como la Pícara Justina—, mientras protagonizaba aquellas defensas enardecidas de León solo.

Echamos de menos a intelectuales como el socialista Anselmo Carretero, quien discurrió un modelo federalista para España y supo distinguir churras de merinas. León de Castilla.

Ahora no. Ahora entre los partidos cotizan al alza otros valores, como la indolencia, la mudez o el ninguneo. Para qué preguntar qué han hecho la mayoría de diputados y senadores leoneses estos cuatro años. Así las cosas, con estos mimbres, atisbamos dos tipos de papeletas inmediatas: la de decidir a quién votar y las que depositemos en las urnas.

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