El lotero que no se creía el Gordo
Jubilados, estudiantes y políticos protagonizan las grandes anécdotas de la jornada.
«¡No me vaciléis!» Es lo primero que exclamó ayer el lotero José Martín, de Roquetas de Mar, cuando los empleados de un banco le dijeron que había dado el Gordo de Navidad de este año, el 79140, hasta que fue consciente de que era cierto, en una jornada de expectación, alegrías y desilusiones.
Su administración, la número 2 de esta localidad almeriense, ha vendido casi íntegramente el número agraciado (devolvió un 15% del total), pero el premio viajó a otras localidades de la provincia, como Laujar de Andarax, de 1.600 habitantes censados. Los estudiantes del instituto local Emilio Manzano llevaron hasta allí 800 décimos del Gordo (320 millones de euros), así que el municipio vivió una jornada totalmente festiva, «con más gente en la calle que en las fiestas de septiembre», dijo la propia alcaldesa, Almudena Morales.
Además, 44 jubilados de Villanueva de la Concepción y Colmenar (Málaga) compraron entre 150 y 200 décimos cuando estuvieron de excursión en Roquetas. Del escepticismo a la alegría se puede pasar en un instante, y al contrario también, pues una vendedora de lotería de la Puerta del Sol de Madrid comenzó a gritar en el Teatro Real, donde se celebraba el sorteo, creyendo que le había tocado un cuarto premio, el 52215.
Agobiada y rodeada de medios de comunicación, repetía que «no era la Pantoja», mientras intentaba sacar el décimo supuestamente premiado, que al final no era tal. Sí que lo era el 43221 que tenía Juan José González, sentado en una butaca de patio del salón, un quinto premio que le va a servir para «pagar lo que debe» y repartirlo con sus cuatro hijos. Llevaba cuarenta años jugándolo y lo había comprado en la administración número 1 de Getafe (Madrid).
Sin salir del Real, un quinto premio hizo sufrir a una de las niñas de San Ildefonso, Lorena Stefan, pues lo cantó correctamente ante la mesa presidencial, el 943, pero se equivocó al repetirlo de cara al público como el 9043, lo que sin duda causó cierta confusión.
Otro de los quintos, el 18102, cayó en el bar Marbella de la calle Fernando Alonso de Oviedo, desde donde algunos décimos habían ido a Candás y Puerto de Vega, una de las localidades costeras asturianas afectadas por los últimos incendios. «Me voy a marcar un ‘Fernando Alonso’», bromeaba uno de los agraciados mientras descorchaba una botella de cava a las puertas del local, enfrente del portal donde residió el bicampeón español del mundo de Formula 1.
La suerte también se acordó de la política, pues la alcaldesa de Osuna (Sevilla), Rosario Andújar (PSOE), fue una de las agraciadas con un décimo del segundo premio (12.775), vendido en la localidad. Lo compró a la hermandad del patrón, San Arcadio Mártir, al igual que hicieron muchos de los trabajadores del Ayuntamiento, adonde fueron a parar la mayoría de los décimos premiados. Una compañera de partido, la diputada balear Silvia Limones, se enteró de que le habían tocado 120.000 euros también del segundo premio cuando comenzaba el pleno del Parlamento autonómico que debatía los Presupuestos de 2016. La diosa Fortuna circuló por la autopista del sur de Tenerife para «repostar» en una gasolinera situada en el municipio de Granadilla de Abona, que vendió dos quintos premios y un cuarto. Es el tercer año consecutivo que este establecimiento, regentado por José Miguel González, vende décimos premiados de Navidad, aunque el mayor de ellos lo dio hace dos años: 1.600 décimos del Gordo.