El PP busca que Sánchez «recapacite» y permita un Gobierno en minoría
Rajoy se aferra a su investidura pese a no contar con respaldos suficientes.
En el pulso al que obliga el resultado electoral del pasado 20 de diciembre, Mariano Rajoy no está dispuesto a ceder. La única lectura que el presidente en funciones extrae, por ahora, de las urnas es que debe ser él quien gobierne España, pese a no contar con los apoyos necesarios para ser reelegido. Así que mientras la aritmética parlamentaria se resiste a alumbrar otra legislatura popular, Rajoy se plantea hacer valer ante el rey sus 123 diputados y proponer su candidatura por justicia, siendo la suya la lista más votada, por «tradición», como defiende la cúpula de su partido, y porque, en el fondo, confía en el milagro de que el PSOE cambie de postura y permita un Ejecutivo del PP.
Aún no había concluido ayer la rueda de prensa del líder de Ciudadanos tras su encuentro en el palacio de La Moncloa, cuando en la sede nacional de los populares, el vicesecretario de Organización, Fernando Martínez-Maíllo, se precipitó a despejar toda duda y anticipar que «la candidatura de Mariano Rajoy a presidente del Gobierno se mantiene». Para entonces se había constatado ya que las cuentas no salen.
Los últimos contactos del jefe del Ejecutivo con las principales formaciones políticas dejan al descubierto las dificultades del PP en un Congreso fragmentado y sin mayorías predominantes. A la negativa rotunda del secretario general de los socialistas, que el pasado miércoles empleó tan sólo media hora en escenificar su portazo a la investidura de Rajoy, se sumó ayer el dirigente de Podemos. Las casi dos horas de conversación «política» entre el jefe del Ejecutivo y Pablo Iglesias en el complejo gubernamental podrían resumirse en los «dos minutos» que tardó el líder de la formación emergente en decir no al presidente.
De momento, sólo Albert Rivera ha contribuido a mantener viva la esperanza en las filas populares. Pero la abstención de Ciudadanos está también condicionada a lo que decida hacer el PSOE y, por lo tanto, el futuro de Rajoy sigue en manos de Pedro Sánchez. En este escenario, toda la maquinaria del PP se ha puesto a pleno rendimiento para crear el clima propicio que acabe atrayendo la voluntad del líder de los socialistas.
Los populares se disponen para añadir más presión a la que ya ejercen sobre Sánchez sus barones territoriales, los mismos que se resisten a un diálogo con Podemos para conformar un Ejecutivo de izquierdas mientras Iglesias no retire su propuesta de celebrar un referéndum en Cataluña. «Esperamos que el PSOE o Pedro Sánchez, no sé si distinguirlo o no, recapacite», espetó ayer Martínez-Maíllo, que confía en que los socialistas se avengan a «pactar» con el PP.
El principal argumento que empleará Rajoy pasa por el desafío soberanista. Las referencias a la necesidad de garantizar la unidad de España y la soberanía nacional se han multiplicado en las filas populares ante la posibilidad de que la CUP acabe respaldando a Artur Mas como presidente catalán y se reactive el proceso independentista. Y este es el contexto en el que creen que el PSOE podría alterar su posición inicial, dar carpetazo a la negociación que se abrirá con Podemos, y acercarse a los populares. Por «responsabilidad», como insiste en subrayar el PP, y «altura de miras».
La dirección de los populares reprocha que Sánchez llegara la semana pasada a La Moncloa con «el no por delante» y sin permitir «que se profundice en ningún contenido», y entiende, por ello, que existen «cauces» para seducir aún a los socialistas, a quienes ofrece elegir la fórmula que mejor se adapte a sus necesidades para justificar el consenso con su principal adversario político.