Puigdemont se propone situar a Cataluña «a las puertas de un Estado independiente»
El presidente de la Generalitat reitera que su mandato será de 18 meses y promete que liderará el proceso con «todas las garantías».
Puigdemont durante una de sus intervenciones en el pleno del Parlamento catalán.
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, dio ayer a conocer las que serán las líneas maestras de su mandato, que estará marcado por el «máximo de ambición» y a la vez por el «máximo de realismo» y que comienza con el objetivo último de situar a Cataluña «a las puertas de un nuevo Estado», que «queremos independiente y en forma de república».
La promesa adquirida por el nuevo jefe del Ejecutivo autonómico, en el primer pleno parlamentario de la legislatura, fue no renunciar a nada en lo identitario: «Tenemos un mandato nítido e indiscutible» para iniciar el proceso hacia la secesión, según dijo, además de pilotar esta transición con «todas las garantías, sin pasos en falso, ni improvisaciones» y hacerlo todo en 18 meses. Aunque en los últimos tiempos, diferentes miembros del Gobierno catalán, incluido el propio presidente catalán, habían empezado a tratar de flexibilizar el plazo del año y medio previsto para el mandato de la nueva administración catalana, Puigdemont disipó todas las dudas y volvió a ser categórico con la duración de la legislatura. «Los compromisos electorales tienen un cierto valor», dijo en sede parlamentaria. Si la legislatura se prolonga más allá del año y medio, sería «injusto» con la ciudadanía y «deshonesto», afirmó, después de que tanto Esquerra como la CUP hayan mostrado estos días su discrepancia con la posibilidad de que los plazos se pudieran ampliar. Por esta causa, que llevaba implícita una cierta moderación en los objetivos, se podía producir una fisura en las relaciones de Junts pel Sí y la CUP, y el presidente de la Generalitat evitó abrir polémicas innecesarias a las primeras de cambio.
«De la ley a la ley»
La apertura en el calendario se antoja, por tanto, el primer gran problema que va a tener que afrontar el gabinete Puigdemont, que tendrá que hacer encaje de bolillos para compatibilizar los 18 meses con el compromiso de ejecutar un proceso con todas las garantías, que se ha anunciado que se hará, emulando la fórmula de la Transición, «de la ley a la ley». Y es que año y medio es un periodo muy corto para «diseñar y ejecutar» una hacienda catalana, una seguridad social y una Constitución nueva, pues su propia existencia es ilegal y se dará de bruces con el Tribunal Constitucional. La gran incógnita de la legislatura es saber si Puigdemont buscará el choque o, como ya intentó Artur Mas con la consulta del 9-N, intentará buscar subterfugios legales para burlar la legalidad española, creando nuevas leyes catalanas, que al final podrían poner a la ciudadanía en el brete de tener que elegir entre una u otra normativa. «Por responsabilidad, nuestro interés es que el proceso se haga con calma y cautela», expresó. Los grupos de la oposición le pidieron que explique cómo, pero el nuevo Gobierno autonómico de momento no da pistas al respecto.
El otro gran problema que se le plantea a la Generalitat es el de la estabilidad parlamentaria. De entrada, cuenta con el apoyo de la CUP, que se ha comprometido, por escrito, a respaldar todas las votaciones que tengan relación con la secesión. Pero luego está el día a día. El plano más prosaico de la gobernación, en la que hay que hacer números, cuadrar cuentas, pagar nóminas a los funcionarios y abonar las facturas a los proveedores.
La CUP fue clara: «Puño cerrado en los recortes y mano tendida en el proceso». De hecho, el Gobierno catalán corrió ayer el riesgo de perder su primera votación de la legislatura, lo que habría enviado una imagen de debilidad, aunque negociaciones de última hora facilitaron el acuerdo con la CUP para que los funcionarios puedan recuperar las pagas extra que la administración catalana no les abonó en 2012 por culpa de los recortes. Junts pel Sí también aceptó la creación de una comisión contra la corrupción.
«Diálogo permanente»
Ante la poca fiabilidad que muestran los anticapitalistas, el presidente de la Generalitat ha encargado a sus consejeros «diálogo permanente» con el resto de grupos pra intentar reeditar la fórmula de la geometría variable que tanto practicaba Artur Mas y que en este caso dependerá, para que haya acuerdos con los no independentistas, de cuánto pise el acelerador hacia la república. «Tendré espíritu de diálogo con todos», recordó. En este todos, incluyó también al futuro Ejecutivo central, si lo hay en los próximos meses. «Es el gobierno de España el que no quiere dialogar. Tendré los encuentros que haga falta con el presidente del Gobierno. Hay muchas cosas de que hablar», remató.