Sánchez no cierra la puerta a gobernar con Iglesias pero rechaza imposiciones
Afea al secretario general de Podemos que su prioridad sea el reparto de sillones.

Felipe VI durante el encuentro que mantuvo ayer con Pedro Sánchez.
Lo que no consiguió Pablo Iglesias, lo consiguió Mariano Rajoy. Ahora la pelota está sobre el tejado de Pedro Sánchez. Era una posibilidad -la de que el presidente del PP renunciara a ir el primero en la investidura- sobre la que se había especulado mucho tanto en el PSOE como en el PP, pero el propio jefe del Ejecutivo la desmintió el jueves y los socialistas respiraron tranquilos. Con esa carta en la mano, el secretario general del PSOE sorteó con relativa facilidad el órdago lanzado ayer por el líder de Podemos durante (y tras) su audiencia con el rey: la oferta de una coalición de Gobierno en el que él querría ser vicepresidente. «Ahora es el turno de Rajoy», le respondió Sánchez. Eran las 14.30 de la tarde. Luego la cosa cambió.
La maniobra del presidente del Gobierno en funciones obliga, en principio, al líder de los socialistas a pisar el acelerador para intentar formar un Gobierno «progresisa y reformista», y eso era justo lo que él no quería hacer. Porque Sánchez no tiene nada cerrado, ni siquiera tiene en mente un Ejecutivo claro. Su ideal sería, y así lo admitían estos días en su entorno, un gabinete monocolor. Pero con el inesperado ofrecimiento de Iglesias sobre la mesa, eso parece ahora algo difícil.
En el PSOE creen que lo que buscaba el líder de Podemos era precisamente poner a su jefe de filas en una situación imposible, es decir, que aspiraba a que le rechazara sin más para poder cargar sobre él la culpa de que no haya un Ejecutivo de izquierdas o que se abrazara a él de inmediato y que sus críticos se le echaran encima. En ambos casos, el resultado más factible, a futuro, serían unos nuevos comicios en los que Iglesias aspira a mejorar sus resultados.
El dirigente de la formación centenaria no hizo ni lo uno ni lo otro. No dijo que no a nada, ni siquiera al planteamiento de un ministerio de la «plurinacionalidad», sino un «ya hablaremos cuando Rajoy fracase», pero, aún así, Iglesias consiguió que algunas voces en el PSOE – al que él aspira a desbancar como fuerza hegemónica de la izquierda- reaccionaran. Eduardo Madina, rival de Sánchez en el congreso de 2014, cargó contra él. «Se parece mucho más a un intento de humillación al Partido Socialista que a una voluntad real de negociar nada -escribió en Twitter-. El PSOE merece respeto».
Incluso Alfredo Pérez Rubalcaba se arrancó en su cuenta de Facebook. «Para llegar a un acuerdo con un partido lo primero que hay que hacer es respetar a sus dirigentes, a sus militantes y, por supuesto, a sus votantes y luego tener un proyecto político para España y para los españoles que hace muchos años decidimos convertirnos en ciudadanos con iguales derechos y obligaciones -dijo– vivamos donde vivamos».
Los fieles a Sánchez dicen que aún es pronto para saber cómo acabará esto. «Lo único evidente es que las partidas hay que jugarlas y no juega uno solo -dice un miembro de la ejecutiva en alusión a Iglesias-, las jugamos todos».
Pedro Sánchez dio pistas, en su rueda de prensa de la mañana, de cómo pretende actuar. Primero tiró de ironía al relatar que se había enterado por el rey, y no por Iglesias, de la propuesta de Podemos. «Entré en Zarzuela sin un Gobierno y parece que tengo ya todos los ministros nombrados», satirizó. Luego, le dejó claro a Iglesias que él no hablará de sillones sino de políticas y de propuestas.
Insistió, además, una y otra vez en que, en sus futuras negociaciones para un Ejecutivo, se dirigirá tanto a «izquierda como a derecha», es decir, a Podemos como a Ciudadanos.
En la dirección del PSOE sostienen que Sánchez no incumplirá en ningún caso la resolución aprobada por el partido el 28 de diciembre, en la que se niega la posibilidad de un acuerdo con cualquiera que defienda la rutpura de la soberanía nacional. Él mismo defendió que sus actos le avalan. «¿Quién llamó al Gobierno para ponerse a su disposición cuando el Parlament hizo una declaración de ruptura? -dijo- Fui yo».
Sánchez ha quedado en hablar ya este fin de semana con Iglesias.