El PP busca blindar a Rajoy después de dimitir Aguirre
La dirección del partido avanza que no cambiará de candidato y pronostica elecciones.
Esperanza Aguirre, durante la rueda de prensa que ofreció ayer. Emilio Naranjo
Nuria Vega | Madrid
Los lunes se han convertido en una prueba de fuego para los portavoces del PP que, desde hace semanas, se esfuerzan en apuntalar el cada vez más quebrantado liderazgo de Mariano Rajoy. La jornada de ayer no fue la excepción. La dimisión de Esperanza Aguirre por los supuestos casos de corrupción surgidos en el PP de Madrid, reorientó el foco hacia el presidente del Gobierno como líder de un partido que hace aguas.
Decisión individual, concreta, subjetiva, intransferible, exclusiva y excluyente. Los populares se transformaron en una fuente inagotable de adjetivos para, en resumen, sostener que la retirada de Aguirre es una cuestión personal que en nada señala el camino de salida a Rajoy. En primer lugar, el vicesecretario de Organización descarta que la situación del PP de Madrid, investigado por presunta financiación ilegal, sea «comparable» a la del partido a nivel nacional. Y por otro lado, Fernando Martínez-Maíllo pone en cuestión la rotundidad del argumento de la exdirigente de que se va porque no supo vigilar lo que ocurría a su alrededor. «Por esa sencilla razón, en este país no habría nadie dirigiendo nada», arguyó el número tres del partido.
Junto a él, los ministros de Exteriores y Justicia trataron ayerde hacer entender a la opinión pública que «los casos no son nunca equiparables mecánicamente». Esas fueron las palabras textuales del jefe de la diplomacia, José Manuel García-Margallo, respaldadas por Rafael Catalá: «Estas no son las vidas paralelas de Plutarco». Si lo fueran, Martínez-Maíllo alerta de que, aplicando la misma ecuación, el secretario general del PSOE tendría que renunciar a su candidatura dado que su partido tiene también causas pendientes en los tribunales. «Mariano Rajoy tiene la responsabilidad en estos asuntos —remató en referencia a los escándalos del PP— qué tiene Pedro Sánchez en los ERE». Y con este planteamiento, la dirección tuvo que rebajar su presión a la ex alcaldesa de Valencia, Rita Barbera, aferrada a su escaño en el Senado pese a la investigación abierta a su exgrupo municipal.
Pero el ruido interno no cesó. No hubo dirigente que, en privado, encontrara inocencia alguna en el paso atrás de Aguirre. «Al justificar su marcha por responsabilidad política, ha puesto la diana en Rajoy», aseguraba uno de ellos ayer, mientras el coordinador del partido en Cataluña incidía en lo inapropiado del gesto de la ex presidenta a día de hoy. «Desde el punto de vista de la oportunidad, el momento no ha sido el más adecuado», zanjó Xavier García Albiol.
Cabe recordar que esta no es la primera gran crisis en la carrera del jefe del Ejecutivo, que en 2008 tuvo que batallar por su permanencia en la presidencia del PP ante el amago, precisamente de Aguirre, de arrebatarle el poder. Pero fuentes populares subrayan que el golpe llega ahora en plena decadencia de Rajoy, que trata de lidiar con nuevos escándalos mientras su gestión de los resultados electorales del 20 de diciembre está en entredicho.