«Aquí voy a vivir y a morir»
Sonó el himno del PP y Mariano Rajoy apareció en lo alto de la escalera del auditorio junto a su esposa, Elvira Fernández, su vicesecretario de confianza, Javier Arenas, y su delfín, el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo. La clausura del congreso del PP de Pontevedra estaba llamada a convertirse ayer en la cura de cariño que el líder de los populares necesitaba tras otra semana complicada y desde el público se lo pusieron fácil. «¡Eres un ejemplo a seguir y te queremos!», le agasajó en pie una señora. Sólo era el principio. Y allí, en la ciudad en la que creció y que el pasado 22 de febrero le declaró persona non grata, Rajoy decidió plantarse: «Aquí me he casado, aquí voy a vivir y aquí voy a morir dentro de muchísimos años». El jefe del Ejecutivo no tiene inconveniente en admitir que la moción de repudio aprobada por el ayuntamiento de la localidad le «dolió». El PSdeG-PSOE, la Marea y el BNG sumaron sus votos para denunciar la prórroga concedida por el Gobierno en funciones a la fábrica de celulosas Ence.