FRACTURA EN PODEMOS
Iglesias y Errejón pondrán a prueba sus apoyos en el Consejo Ciudadano
La crisis abierta en la Comunidad de Madrid supone un punto de inflexión en Podemos.
ander azpiroz | madrid
Cuenta con apenas 26 meses de vida pero como partido político Podemos ya ha tenido tiempo para todo. Ha paladeado las mieles del triunfo electoral a la vez que la amargura que provocan las luchas fratricidas por el poder interno. En palabras de Pablo Iglesias, han sido dos años de tal intensidad que parece que hayan transcurrido diez. Para lo bueno y para lo malo.
A día de hoy a Podemos le vienen mal dadas. Al menos de puetas hacia dentro. Nunca como hasta ahora las aguas habían bajado tan revueltas en el partido morado.
Desde su puesta de largo en enero de 2014 Podemos ha sido escenario de numerosas ‘guerras civiles’. En eso el partido de los indignados no ha significado excepción alguna a sus adversarios de la vieja guardia. Cada una de sus batallas ha girado en torno al liderazgo de Pablo Iglesias. De todas el secretario general ha salido victorioso. Y además por goleada. Lo consiguió como dicta el manual del perfecto príncipe elaborado en el siglo XVI por Nicolás Maquiavelo. O lo que es lo mismo, siendo implacable con el enemigo. Iglesias lo fue con Izquierda Anticapitalista y con Pablo Echenique –el aragonés entonces adversario y ahora colaborador- cuando a finales de 2014 le disputaron el liderazgo del partido. La pasada semana se ha comprobado que, además, es de la misma forma con sus amigos.
La crisis abierta en la Comunidad de Madrid supone un antes y un después en Podemos. En el pasado ya cayeron las direcciones de Cataluña, País Vasco, Galicia, Cantabria y La Rioja. En todos los casos, el problema quedó limitado al ámbito autonómico y se interpretó como algo lógico en un partido que en dos años se ha tenido que dotar de una estructura nacional y territorial y afrontar tres citas electorales. «Hemos tenido que correr y atarnos los cordones a la vez», ha reiterado a lo largo de los últimos meses Íñigo Errejón. En el caso catalán y vasco, Podemos incluso ganó las generales sin contar, siquiera, con secretario general autonómico al frente.
Pero el problema en Madrid va mucho más allá de lo que algunos dirigentes del partido se esfuerzan en minimizar como una «crisis de crecimiento». En este caso la rebelión se ha originado en las propias filas oficialistas. Por primera vez se ha tambaleado el equilibrio de poder a nivel nacional. Y eso se debe a que ahora el duelo es entre Iglesias y Errejón, los dos máximos exponentes y valores del partido.
La mecha la colocó la dimisión en cadena de diez dirigentes madrileños con el objetivo de derribar a su secretario general, Luis Alegre, hombre de la máxima confianza de Iglesias. Y la chispa fue la destitución fulminante de Sergio Pascual, secretario de Organización nacional y mano derecha de Errejón en el partido. Resulta complicado pensar que otra formación no hubiera actuado antes contra un secretario de Organización con seis crisis regionales a sus espaldas. De hecho, hay en Podemos quien opina, como Juan Carlos Monedero, que Pascual debería haber abandonado el cargo por voluntad propia hace ya tiempo. No obstante, Iglesias no actuó contra el hombre de la ejecutiva más cercano a Errejón hasta que la organización de Madrid saltó por los aires. La maniobra para forzar la dimisión de Alegre al frente de la organización autonómica fue tomada como una afrenta personal por el secretario general. No sólo tuvo como objetivo derribar a uno de sus más íntimos colaboradores, sino que se produjo en el momento crucial en el que el partido negocia la formación de un nuevo Gobierno.
La respuesta no pudo ser más fiera. El ex secretario de Organización no sólo fue fulminado con nocturnidad, sino que para algunos de sus compañeros de filas fue humillado. La operación, en todo caso, destapó serias tensiones.
Así que en Podemos se escuchan ruidos de sables, por mucho que sus dirigentes se empeñen en negarlo. El punto álgido de esta crisis se vivirá el 2 de abril con la reunión del Consejo Ciudadano. Todos sus miembros salvo los secretarios generales territoriales son afines al sector oficialista. La duda radica ahora en que este sector se ha roto en dos. El 2 de abril Iglesias y Errejón medirán sus fuerzas.