PERSONAJES AL TRASLUZ
«A León me atan las ‘cuedras’ de mis antepasados judíos»
MARGALIT MATITIAHU / ESCRITORA ISRAELÍ DE ORIGEN SEFARDÍ

Margalit Matitiahu en León
SEFARDÍ DE LEÓN. Margalit Matitiahu nació en Tel-Aviv (Israel) en 1935. Sus orígenes y el español que habla se remontan al León del siglo XV, donde vivían sus antepasados judíos hasta la expulsion. Desde 1994 siente España y León como su casa. El año pasado el Gobierno concedió el derecho de ciudadanía a los sefardíes, pero han de examinarse «como todos»
—Supongo que ya tiene la nacionalidad española
—No, no todavía. Tengo que pedirla.
—La ley que reconoce la nacionalidad a las personas de origen sefardí se aprobó en julio del año pasado. ¿No se la dieron de forma automática?
—No, yo soy muy conocida en España y he publicado cinco libros allí, pero tengo que pasar los exámenes igual que todos para pedir la nacionalidad. Voy a ver cómo hacerlo, tengo contacto con una mujer que me ayuda y espero que sea pronto.
—Después de tanto tiempo le hará ilusión tenerla, ¿O es sólo algo simbólico?
—Seguro que la quiero. Simbólico o no, lo que me es importante siempre es estar con la cultura, la llevo en mis poemas y en las actividades que hago por España. El año pasado, en octubre de 2015, se terminó un proyecto bastante importante. Hice que ocho poetas israelís se tradujeran al español con el apoyo del Departamento de Cultura del Ministerio de Asuntos Exteriores. Siempre estoy con actividades entre España e Israel. Para mí es mi vida porque nací dentro de la cultura española. Mi primera lengua es el español antiguo.
—¿Su madre le hablaba en español antiguo?
—Sí, mi madre, mi padre nacieron en Salónica (Grecia) en una comunidad española. Te puedo contar que cientos de libros y periódicos que trajo mi madre de Salónica a Israel están en español. Ahora están en la Universidad de Bar-llan de Tel Aviv. Mi primer encuentro con la literatura fue a la edad de 9 años.
—¿Se acuerda lo que leyó por primera vez en español?
—El Conde de Montecristo lo leí en español. Cuando me conozco a mí misma, la cultura y todo lo que hablábamos en casa con mi madre y mi padre es en español.
—Es lo fascinante de la cultura sefardí. Aferrarse a las raíces y a la lengua después de 500 años fuera de la patria.
—La verdad que mis raíces son en España. Mi abuelo es José Sartai León, por parte de mi madre, Matilde León. Y Gaitán de mi padre. Así que de los dos, de mi padre y de mi madre, tengo raíces de España. La verdad, me siento muy atada a España. Hice un recorrido hacia atrás para conocerme: nacida en Israel, padres que nacieron en Salónica, que fueron de familias españolas. Ahí vi que mis raíces verdaderas son de España.
—¿Cómo descubre que sus raíces están en la judería leonesa? ¿Por los apellidos?
—Sí, sí. Yo te hablo ahora como en español de ahora. Si hablo en español antiguo diré: Agora, Yussef Sabitai León... Yo estuve en un festival internacional en Estambul en 1991 y ‘meldí’ allí mis poemas (leer se dice ‘meldar’) en judeo-español. Se acercaron a mí dos poetas españoles: Manuel Quiroga, de Madrid, y Jaime Pedrosa de Valencia. Y me preguntan ¿cómo puede ser que escribes poesía en un español tan antiguo que es histórico? Les conté sobre mí y me dijeron: Nosotros te vamos a traer a España. Y se confirmó. Devinieron como dos hermanos míos hasta hoy. Cuando llegamos a España me dijeron: «Mira Margarita (mi madre me llamaba así) yo te voy a llevar a León, a Puente Castro, donde vivían los judíos antes de la expulsión. De allí son tus raíces». Y fui a León. Ese primer día fue una emoción tan grande... Conocí al alcalde, me hicieron homenajes y conocí a familias con una relación de amistad tan profunda que continuo. Dos libros míos se publicaron en León: Vela de la luz y Vagabundo eterno. Esto me ata con unas cuedras (cuerdas, de la misma manera que en vez de tarde decimos tadre). Fue un descubrimiento emocionante. Era 1994.
—¿Tiene previsto volver pronto a León?
—Ojalá pueda este año. En 2015 estuve en Salamanca y en Zamora, pero en León no pude. Espero que este año cerca del verano pueda ir.
—Su poemario dedicado a León, ‘Vagabundo eterno’, ¿Se inspira en ese exódo permanente del pueblo judío?
—Sí, la verdad que la vida de los judíos fue de pasar de un sitio a otro y vivir sin la patria que hace 2.000 años, cuando se destruyó el segundo templo. Ahora tenemos nuestra pequeña, pequeña, pequeña tierra para poder vivir.
—¿Se siente reconocida en León?
—Sí. Mucho. Esto me emociona mucho. Tenemos también el documental que hice con mi hijo y mi hija. La verdad nos apoyaron de una forma especial en el ayuntamiento. Evelia Fernández, Alejandro Valderas, los dos alcaldes que me recibieron, siempre con amistad, con Puente Castro... La verdad que hay muchos amigos. No sé si has visto el documental.
—No.
—Lo tienen en el Ayuntamiento. Estuve en contacto con Antonio Colinas, Antonio Gamoneda, con el poeta joven, Saravia, nos conocemos mucho...
—León pertenece a la red de Juderías españolas. ¿Cree que se podía hacer algo más por recuperar la la memoria de estos lugares en la ciudad?
—Me parece que están haciendo algo, cuando estuve hubo un tour para ver la judería. Fue muy interesante. En la Catedral se pueden ver las lápidas, en Puente Castro. Puede ser importante...
—Está un poco olvidado.
—Ah , ¿por qué? Puente Castro tiene que tener más cuidado porque la judería estuvo allí. Conozco a Flory, de la asociación de vecinos. Hay un monumento con mis palabras escritas a la memoria de los judíos y también una plaza en Puente Castro. Se puede hacer algo más. La ruta de la judería me parece muy interesante.
—¿Qué le parece la primera definición que hace el diccionario del término ladino como se denomina a la lengua sefardí?
—No, no, no... Llamarle ladino es una cosa muy reciente, de 15 o 20 años. Siempre se decía judeoespañol, o judismo o español. Cuando yo nací en mi casa se decía españolit, quiere decir el español hecho un poco hebreo, nunca ladino. Fue el quinto presidente de Israel, Yitzjak Navón (el primero de origen sefardí) quien creo, no lo sé seguro, puso lo de ladino. La palabra ladinar era cuando traducían del hebreo al español exactamente como era la gramática hebrea. Cuando se dice esta noche traducían ‘la noche la esta’ como se dice en hebreo. Se mantuvo la forma de la frase en hebreo haciéndola en español. A eso se llama ladinar.
—La primera definición que se hace de ladino es sagaz, astuto, taimado... Y la octava judeoespañol. Me refería a esto.
—A mí claramente no me gusta, tiene que ser judeoespañol porque los judíos mantuvieron el español antiguo, que no es sólo de los judíos era el de los españoles en el siglo XV. Los judíos lo mantuvieron porque continuaron viviendo con esta lengua y quedó.
—¿Qué hay de cierto en la leyenda de que los judíos expulsados se llevaron las llaves de sus casas con la idea de regresar?
—Cuando hicimos el documental en Toledo en la calle Santo Tomás hay una tienda en la que entré a comprar. Me preguntó qué hacía y le conté. Me dijo: Mira, esta casa era judía. Me llevó a la entrada. Me mostró los sótanos que todavía tenía dos tinajas grandes. Le pedí rodar ahí. Y me dijo que sí y ,e comentó: ¿sabes? Un judío español de Madrid tiene la llave de esta puerta. Yo quería entrevistarle, pero al final no lo encontré. Pero en el documental Toledo, el secreto oculto se habla de esa puerta y de esa llave.
—O sea, que es cierto.
—Es cierto, porque dejaron a España sin querer. Porque el amor a España continuó siempre. Mi madre me comentaba que en Salónica había una pieza de teatro sobre España y tengo los textos. Hace 120 años una persona escribió un poema sobre el amor a España. Si me ‘acodro’ (acuerdo) bien dice: ‘España, madre mía, a tu iyo que te ama tanto lo echaste y continuamos a amarte’.
—Un amor incondicional.
—Sí, la verdad.
—Tuvo que ser muy doloroso.
—Llegaron a Salónica 30.000 expulsados. Formaron allí una comunidad judía española. La vida se hacía en la plaza en español y no estudiaron. Se pasaban de una generación a otra, de padre a ‘iyo’, de padre a ‘iya’. De esta manera yo aprendí español.
—¿Qué queda de esa comunidad en Salónica?
—En Salónica (suspira) uff!, lamentablemente el 95% fueron exterminados en Auschwitz. Mi familia se salvó porque llegaron antes de la guerra mundial.
—Prácticamente fue erradicada.
—El 95% de la comunidad judía de Salónica fue exterminada. Los que llegaron antes a Israel y los rescatados son los que forman la comunidad griega de Salónica en Israel. Creo que hay todavía unas 250.000 personas que todavía hablan en español, cantan los romances (como los que ha recogido Joaquín Díaz, a quien conozco, una persona especial y maravillosa) en los encuentros. Cada vez un cantador o cantadora continúan.
—¿La sociedad del siglo XXI no ha podido con esta tradición oral?
—Hace 15 años se publicaron libros para estudiar en judeoespañol en la Universidad de Bar-llan. Hay doctorantes que hacen doctorados sobre cultura española, temas de sefardí, lengua... Y llegan a mi casa porque tenía aquí un ‘tresoro’ (tesoro) de material como los periódicos´ de Salónica que reflejaban la vida española. En 1938 mi madre todavía recibía periódicos de Salónica en español. Yo doné todo ese material: más de 150 libros más los periódicos.
—Sus raíces están desparramadas por Europa, entre España y Salónica. Imagino que esto le ha marcado. ¿Cómo se define a sí misma?
—Una mujer que vive con tres culturas: israelí, griega y española, que son las raíces.
—¿Ha vuelto a Grecia?
—Recorrí la Grecia a lo largo de cinco años para conocer y escribí muchos artículos . Hay gente de seis comunidades judías, la mayoría hablaban el español. Sólo en el norte había una comunidad que sólo hablaba el griego.Desde 1986 a 1991 Estuve estudiando y entendiendo que las raíces estaban en España porque encontraba los escritos en español. Entonces conocí a mis amigos españoles y se abrieron las puertas a mis raíces verdaderas.
—¿Cómo vive desde Tel-Aviv la crisis de los refugiados de Siria, precisamente a las puertas de Europa?
—Es una cosa muy dolorosa. De un pensamiento humano hay que apoyar a estos refugiados porque cuando se ven los bebés y las familias... La verdad es que todos piensan que cómo la Europa puede acoger tantos como esperan. Pienso que los gobiernos tienen preguntas con lógica y razón. Para mí es un dolor ver personas que sufran, que no tienen culpa. La verdad hay que pensar cómo apoyar. Y hay tantos países árabes que les pueden apoyar también, son como sus hermanos y esto no lo hacen. No entro en cuestiones políticas porque tengo bastante aquí, en Israel, pero entiendo todo lo que sufren estas personas. Hay que pensar cómo solucionar este problema.
—La posición de Israel con respecto a Siria parece que ha variado en estos meses.
—Formaron un hospital en la frontera y desde hace tres años reciben heridos, los curan y los envían curados. Es una forma humanitaria de ayudar, aunque no todos quieren ser atendidos. Es verdad, no son rumores.
—¿Cómo vive usted personalmente el problema palestino?
—Yo hice mucho por la paz. He escrito artículos en España. Para mí es muy importante que se haga la paz. Siempre pienso que solo la paz nos puede traer tranquilidad. Aquí tenemos ahora una ola muy fuerte de cuchillos. Ya llevan cerca de 40 muertos. La vida no es fácil para nadie y espero que algo de la paz sea que nos dé una vida más tranquila a mis hijos y a mi nieto.
—¿Tiene un nieto?
—Sí, de cuatro años. Se llama Leo, por León. Como mi madre León y como abuelo León.
—¿Le ha traído a León?
—Todavía no. Espero que tenga la posibilidad de llevarle.
—Acabamos de terminar la Semana Santa. En León es típica la expresión matar judíos para ir a tomar limonadas.
—Conozco la anécdota. Parece que viene de cuando los hombres querían salir a beber le decían las mujeres: Me voy a matar judíos. Bueno... Conociendo España y sabiendo lo que hubo. En una época era muy dolorosa. Pero a veces las cosas quedan
—¿Le ofende?
—(Ríe) Son cosas que tienen raíces como los dichos. Bueno, espero que en España al menos que la gente conozca de una forma equilibrada lo que es Israel.
—¿Qué imagen cree que debemos de cambiar en España con respecto a Israel?
—La verdad, no se me ocurre. Yo puedo hablar de mí. En 1993, el primer año que estuve en España fue un abrazo de calor y amistad. No puedo decir nada de nada. Mis amigos son amigos de alma, como una familia. Hice un mapa de las ciudades en las que estuve leyendo mis poemas y suman casi 50. Para mí España es otra casa mía.
—¿Y León?
— León, mi casa, por supuesto.
—¿Qué escribe últimamente?
—Tengo un nuevo libro que se publicó en Madrid en octubre de 2015 —Luz cortada en Verbum). Son poemas bilingües, e en hebreo y español. Hace un año me pidieron que escribiera dos poemas con la estructura del flamenco. Esta semana recibí de Córdoba un disco con aquellas grabaciones. Se titula Linguake.