La unidad del independentismo catalán se resquebraja
Nunca el independentismo catalán ha tenido tanta fuerza. Por primera vez hay en Cataluña un Gobierno inequívocamente secesionista, que se sustenta en una mayoría absoluta de 72 diputados (sobre 135). Tras la renuncia de Artur Mas, Junts pel Sí y la CUP dejaron atrás sus enormes diferencias y sellaron un pacto de legislatura, que permitió la investidura de Carles Puigdemont y puso en marcha una carrera de 18 meses hacia la independencia. Sin embargo, a las primeras de cambio, esa unidad tantas veces invocada como el gran activo del proceso, está hoy en peligro tres meses después de la investidura del presidente de la Generalitat.
La victoria del independentismo en el 27-S no fue tan holgada como vendieron sus dirigentes en un primer momento y como consecuencia de ese resultado, que no da ni de lejos para aprobar, por ejemplo, una reforma estatutaria, Junts pel Sí y la CUP se han enfrascado en una lucha sin cuartel, que ha hecho aflorar serias discrepancias. No solo en la hoja de ruta para la independencia, también en el ritmo que debe seguir el proceso.