Eurovisión se disculpa por el trato a la ikurriña
Como símbolos no permitidos en el festival figuraban la bandera vasca y la del EI.

La eurodiputada Bilbao envió una carta al comisario de Cultura. L. T.
r. c. | madrid
Eurovisión puso ayer en pie a las fuerzas políticas sin distinciones. A primera hora de la mañana la inclusión de la ikurriña en el listado negro de banderas prohibidas por el festival desató las protestas de partidos e instituciones. Junto a la enseña oficial vasca aparecía también la del grupo yihadista denominado Estado Islámico y desde el Gobierno de Vitoria al central, pasando por RTVE y el embajador de España en Suecia, tuvieron que emplearse a fondo para lograr la retirada del documento. Pasadas las dos de la tarde, el conflicto concluía con la Unión de Radiodifusión Europea pidiendo disculpas y la organización emitiendo un comunicado.
«Lamentable»
«Es importante destacar que la política de banderas no es contra unos territorios u organizaciones, y, por supuesto, no se compara a unos con otros», se esforzó por aclarar el portavoz de Eurovisión, Dave Goodman. Pero el mensaje fue eliminado de inmediato con el argumento de que nunca debió ser publicado con el listado de «ejemplos». En ese texto, el emblema vasco y los de Kosovo, Palestina o Crimea aparecían como «no autorizados», mientras que el del grupo terrorista quedaba «absolutamente prohibido». «Es lamentable», denunció el lendakari, Íñigo Urkullu, partidario de que España abandonara la competición en caso de que el error quedara sin subsanar.
No hizo falta llegar tan lejos, aunque pese a la rectificación y a que la relación con la casuística fue retirada de la web, las normas internas del festival, que este año se celebra en Estocolmo, establecen que sólo están autorizadas las banderas que representan a cada uno de los 42 estados participantes en el evento. Las locales o regionales no podrían ser, por lo tanto, exhibidas. Eurovisión justifica su postura con el argumento de intentar evitar que el certamen se politice o se use con fines comerciales.
La polémica, no sólo suscitó ayer una oleada de protestas desde los partidos, sino que obligó a las instituciones a terciar. Durante toda la mañana, el Gobierno vasco mantuvo contactos con la Embajada de Suecia en España, con el ministro de Sanidad, Alfonso Alonso y con el de Asuntos Exteriores. El Consejo de Ministros encomendó, de hecho, a José Manuel García-Margallo la tarea de resolver el conflicto.
El ministro inició de inmediato las gestiones para solicitar a través del embajador en Estocolmo, Francisco Javier Jiménez-Ugarte, una «rectificación urgente» por considerar «intolerable» el trato dispensado a «un símbolo querido por todos los vascos y los españoles». La propia vicepresidenta, en la comparecencia habitual de los viernes desde el palacio de La Moncloa, recordó que la ikurriña es una bandera «constitucional, legal y legítima» y garantizó que así lo haría notar el Ejecutivo «donde hiciera falta».
El malestar suscitado se extendió por todo el espectro político. El PNV, EH Bildu, el PSOE y el PP coincidieron en la protesta.