Diario de León

El PSOE se erige como único socialdemócrata en el panorama español

El partido de Sánchez se une para arrinconar a Podemos en la extrema izquierda.

Pedro Sánchez durante una de sus intervenciones. PEDRO PUENTE HOYOS

Pedro Sánchez durante una de sus intervenciones. PEDRO PUENTE HOYOS

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p. de las heras | madrid

En el PSOE aún recuerdan el largo y detallado artículo que, bajo el título ‘Understandig Podemos’ (‘Entender Podemos’) publicó Pablo Iglesias hace ahora un año en la revista de pensamiento crítico New Left Review . En él, el secretario general del nuevo partido, profesor de Ciencia Política, trataba de ofrecer al público entendido una explicación académica de su fenómeno. Pero en el camino, destapó líneas básicas de una estrategia metódicamente diseñada para llegar al poder. Y entre las claves del éxito citó una determinante: evitar que los adversarios lograran etiquetarlos como «izquierda radical». En esas anda ahora el juego.

Iglesias siempre ha tenido claro que si la batalla se producía en ese marco conceptual, Podemos no tendría nada que hacer. Lo dijo también en El País unos días después. Su tesis era (y es) que «el fracaso de la izquierda comunista» constatado tras la transición democrática, plantea «enormes límites a las posibilidades de éxito electoral de esa izquierda» en España. De ahí que centrara la disyuntiva entre nueva y vieja política, o entre «la casta» y «el pueblo». Ahora que esos ejes han dejado de funcionar, ha optado por definirse como socialdemócrata.

Fue al abrazar la socialdemocracia y abandonar el marxismo, en 1979, como el PSOE consiguió conquistar la mayoría social. Y eso pretende hacer ahora él; sólo que los socialistas aseguran que finge y dedicarán todo su esfuerzo a demostrarlo.

No hablan a humo de pajas. En la citada publicación británica, Iglesias admitía que le convenía esconder su ideología hasta que, ocupadas las intituciones, pudiera intervenir en las políticas públicas. «Si insistimos en hablar de desahucios, corrupción y desigualdad, por ejemplo, y nos resistimos a dejarnos arrastrar a debates sobre la forma del Estado (monarquía o república), memoria histórica o presos políticos no es porque hayamos moderado nuestra posición -explicaba-, pero asumimos que si no tenemos en nuestros manos la maquinaria del Estado no tiene ningún sentido poner el foco en asuntos que nos alejarían de la mayoría, que no es de izquierdas».

El 20 de diciembre demostró la eficacia de esa estrategia. Podemos y sus confluencias se quedaron a sólo 300.000 votos del PSOE, lo que significa que logró dar la impresión de que el suyo era un proyecto transversal. Los socialistas están convencidos, sin embargo, de que la actuación de Iglesias durante los meses de negociación de la investidura rompió el hechizo. Su apuesta por un referéndum de autodeterminación en Cataluña y otros teritorios; la exigencia de una adhesión al programa de Gobierno por parte de los miembros de la judicatura que pretendan ocupar puestos relevantes; una vicepresidencia con fuerzas policiales específicas bajo su mando; un aumento del gasto público en 90.000 millones de euros… Todo aquello, dicen, le puso en evidencia.

Es cierto, según las encuestas, que Podemos se desinfló. Eso explica que buscara con denuedo la coalición con Izquierda Unida, que de forma tan vehemente, e incluso despectiva, había rechazado Iglesias antes de las generales de 2015. Junto a Garzón, el nuevo partido y la más de media docena de formaciones de distinta índole a las que se ha aliado para el 26 de junio, estarían en condiciones de superar al PSOE en votos. Pero los socialistas creen que podrán evitarlo si demustran que representan a una ineficaz vieja izquierda.

A la tarea se ha entregado ya todo el partido. Desde Pedro Sánchez a Susana Díaz, pasando por Alfredo Pérez Rubalcaba, que atacó a Iglesias por catalogarse de socialdemócrata «como Marx y Engels», autores del Manifiesto Comunista. «Ante tanto disparate sólo cabe preguntarse si lo suyo es ignorancia o impostura», reprochó.

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