Diario de León

El sonado veto de la CUP obliga al rediseño de la agenda soberanista

El presidente de la Generalitat deberá centrarse en los plazos, objetivos y socios.

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, busca una segunda oportunidad. ALBERTO ESTÉVEZ

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, busca una segunda oportunidad. ALBERTO ESTÉVEZ

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c. reino | barcelona

Un terremoto ha sacudido esta semana Cataluña. Los geólogos situaron el epicentro en Gerona, pero donde más se notó la onda expansiva fue en el Parlamento catalán, en Barcelona. El veto de la CUP a los presupuestos de la Generalitat ha dinamitado el pacto entre Junts pel Sí y los anticapitalistas y ha dejado patas arriba la undécima legislatura, la que nació con el encargo de situar a Cataluña a las puertas de la independencia.

A la espera de la cuestión de confianza a la que se someterá Carles Puigdemont en la segunda quincena de septiembre, tras una nueva Diada de alto voltaje, el proceso soberanista queda en el aire, pues la mayoría independentista ya no camina junta. En la Cámara catalana hay 72 diputados (sobre 135) que querrían la secesión, pero no han conseguido mantener la unidad de acción. En su primer intento, el independentismo ha fracasado.

Ahora, Carles Puigdemont busca una segunda oportunidad. A través de una maniobra táctica, el presidente de la Generalitat ha sido capaz de salir más o menos airoso de la que suponía su primera gran derrota política, ya que nunca hasta la fecha la Cámara catalana había tumbado unos presupuestos. El dirigente autonómico ha ganado cuatro meses, en los que se resolverán algunos de los elementos clave que inciden en el proceso catalán: la refundación de Convergència y las elecciones generales. Puigdemont está tratando de tomar las riendas y de quitarse el sambenito de que es un presidente interino.

El ex alcalde de Gerona escudriña además la manera de reinventar el proceso y adaptarlo a las nuevas circunstancias. Este rediseño podría pasar por tres ejes: plazos, objetivos y socios. En cuanto a los plazos, cada vez parece más complicado cumplir con el propósito inicial de una legislatura de 18 meses. Si el proceso necesita un ‘reset’, éste pasa por alargar el mandato. En cuanto a las metas, cobra fuerza la idea de volver a situar el derecho a decidir en el centro de la estrategia soberanista, una vez que se ha comprobado que la independencia unilateral no es cuestión de dos días.

Este regreso a la defensa del referéndum, en el que Convergència siempre se ha sentido más cómoda, puede ir acompañado de la búsqueda de nuevos socios, en este caso un acercamiento al entorno de Podemos y Ada Colau. La otra opción es volver a seducir a la CUP, que ha dejado al Gobierno tocado y podría hundirlo.

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