La CUP inicia su renovación tras disolverse la dirección del partido

Los anticapitalistas buscan un consenso interno ante la cuestión de confianza de Puigdemont.

Puigdemont, junto al consejero de Asuntos Exteriores, Raül Romeva. ALEJANDRO GARCÍA

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León

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C. Reino | Barcelona

Tres días después de que seis de los quince miembros de la cúpula anticapitalista dieran un sonoro portazo con la renuncia a sus cargos y con acusaciones a la dirección de «actitutudes sectarias y maquiavélicas», la CUP inició ayer el proceso para renovar su ejecutiva. Un tarea nada sencilla, que pilota el ex diputado Quim Arrufat, y que de no culminarse de una manera que satisfaga a las diferentes corrientes internas puede acabar en divorcio.

La dirección ‘cupera’ fue elegida en 2015 y su mandato era de cuatro años. Sin embargo, la crisis que ha estallado en la formación, a la que Convergència y Esquerra acusan de ser la responsable de dejar el proceso catalán tocado tras cobrarse la cabeza de Mas y vetar los presupuestos, ha obligado a los anticapitalistas a buscar aire fresco, caras nuevas y a disolver la ejecutiva.

Las elecciones internas para cambiar la cúpula pueden prolongarse un mes, pero se han ideado con el objetivo de preparar al partido para afrontar lo más unido posible el escollo que plantea Carles Puigdemont con la moción de confianza de septiembre. Si la apoyan el Gobierno seguirá, pero si la rechazan lo derribarán y habrá casi con seguridad nuevas elecciones. La CUP tumbó los presupuestos de la Generalitat hace quince días y dejó la legislatura de 18 meses en el aire, pero volverá a tener en sus manos la establidad del Gobierno catalán y el futuro del proceso. Si los antisistema varían la tendencia obstruccionista de los últimos meses y se imponen las tesis de los pactistas, liderados por Poble Lliure, Puigdemont tratará de culminar el proceso con la CUP.

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De lo contrario, si en el proceso de renovación interna vuelven a ganar los más radicales, los que anteponen la revolución a la independencia (Endavant), el presidente de la Generalitat tendrá que decidir si cambia de socios, lo que implicará alguna renuncia en la hoja de ruta, o llama a los catalanes a las urnas. Dos de los seis miembros de la dirección que dimitieron el viernes pasado reconocieron ayerque el partido puede romperse