Diario de León

El pinchazo en las urnas reabre heridas en Podemos, que no niega la decepción

El partido de Iglesias aún no ha dado una explicación acerca de las causas de su fracaso.

Reunión en Podemos para el análisis de resultados y de la situación del partido. VÍCTOR LERENA

Reunión en Podemos para el análisis de resultados y de la situación del partido. VÍCTOR LERENA

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ander azpiroz | madrid

La sonrisa del cambio de la que presumió Unidos Podemos durante la campaña se borró de un plumazo a eso de las diez de la noche del domingo. Si el 20-D cada escaño conseguido fue celebrado con ovaciones en el cuartel general de la formación morada, el pasado domingo reinó el silencio y alguna lágrima.

Podemos es nuevo también para eso y no ha intentado ocultar su enorme derrota, toda una novedad en los usos y costumbres postelectorales ya que siempre se trata de minimizar los malos resultados y se resalta lo poco bueno logrado.

La coalición liderada por Podemos e IU perdió 1,1 millón de votos con respecto a los resultados obtenidos por separado en diciembre. En Cataluña, con la que Iglesias soñaba para alcanzar la Moncloa, la confluencia logró aguantar sus 12 diputados pero se dejó más de 75.000 votos. Por comunidades, sólo Euskadi, donde Unidos Podemos fue primera fuerza, respondió las expectativas. De puertas afuera Podemos se queda en el mensaje de que han sido unos resultados «no satisfactorios», pero hacia dentro el lenguaje es más crudo y se catalogan como pésimos. Sólo en las autonómicas catalanas la formación morada había sufrido un fiasco comparable. .

La decepción ante los resultados ha reabierto viejas heridas. Iglesias, quien a lo largo de los últimos dos años y medio ha sido el indiscutible líder, atraviesa sus horas más bajas, aunque nadie, por ahora, cuestione su figura. Fue el principal impulsor de una alianza con IU que se considera, un fracaso, por mucho de que el discurso oficial sea que la alianza ha evitado un desastre mayor. Tras el varapalo, Iglesias se arriesga a un ajuste de cuentas del sector afín a su amigo Errejón, el que sin ningún éxito defendió que asociarse a IU, lejos de sumar, ahuyentaría al electorado más moderado de Podemos. Pero no es el único reproche al que se enfrenta Iglesias. Él fue quien zanjó el debate interno, otra vez con Errejón enfrente, cuando se barajaba la posibilidad de apoyar la investidura de Pedro Sánchez.

Voces como la de Juan Carlos Monedero ya han apuntado con el dedo a Iñigo Errejón, por idear una deficiente estrategia de campaña, o a Carolina Bescansa por su nefasta interpretación de las encuestas. La tarea de ambos dirigentes era hasta ahora incontestable a nivel interno.

La dirección de Podemos se ha dado «un amplio proceso de reflexión» para analizar las causas de un fracaso que aún no sabe a qué o a quién achacar. Iglesias insiste en que el favoritismo en las encuestas les ha perjudicado, mientras que Echenique denuncia la campaña del miedo lanzada por el PP y PSOE o Carolina Bescansa sostiene que sus votantes, simplemente, se fueron a la abstención porque no se les supo movilizar.

Iglesias ya ha dicho que no piensa irse, «me presentaré a las elecciones las veces que haga falta». Sólo en el improbable escenario de que Errejón diera el paso de disputarle el mando del partido podría introducir incertidumbre en el proceso.

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