Diario de León

La militancia convergente se levanta contra la dirección

Las bases imponen sus propuestas sobre el nombre de la refundación.

Mas durante la segunda jornada del congreso. ANDREU DALMAU

Mas durante la segunda jornada del congreso. ANDREU DALMAU

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c. reino | barcelona

Ni Convergents de Catalunya, ni Més Catalunya. La nueva Convergència se llamará Partit Nacional Catalá (PNC), Partit Demòcrata Catalá (PDC) o Junts per Catalunya (JxCat). La elección final se hará hoy, después del motín que protagonizó la militancia el viernes, que tumbó las dos propuestas que planteó la dirección, lo que obligó a la cúpula a posponer la votación y constituir una comisión para buscar nuevos nombres de consenso entre las bases. Estas optaron ayer por tres siglas, puestas sobre la mesa al margen de la dirección, y que antes de nacer están salpicadas por la polémica. Y es que, PDC y Junts tienen ya acusaciones por plagio. En el caso de Partit Demócrata Catalá, la denuncia llega desde la formación minoritaria Demòcrates de Catalunya, una escisión de Unió. El problema con el que se encuentra el Partit Nacional Català, que toma como referencia el Scottish National Party, es que no casa con las últimas declaraciones de Artur Mas, que recientemente rechazó el apelativo de «nacionalista», pues a su juicio en la UE no tiene buena prensa y se asocia con posiciones insolidarias. Las opciones favoritas son, en cualquier caso, Junts per Catalunya y el PNC.

El congreso de la refundación de Convergència se le está atragantando a la dirección, y por extensión a Artur Mas, que está recibiendo mucha más oposición por parte de las bases que la prevista. Fuentes próximas a la cúpula señalan que la «gresca» que se produjo el viernes y que ayer bajó en intensidad, es un reflejo de que la refundación va en serio, que es un ejercicio democrático, que ha abierto el partido en canal y que no se está quedando en lo meramente cosmético, como apuntaban los sectores críticos.

Estas ganas de las bases de tomar parte en las decisiones del partido se notaron ayer en la definición ideológica del partido y forzaron a la cúpula a moverse de sus posiciones de inicio. La cúpula convergente llegó al cónclave con la propuesta de definir al nuevo partido como «demócrata, catalanista, soberanista, europeísta y humanista», que aspira a que Cataluña sea un «Estado independiente, con la misma soberanía que las naciones de la Unión Europea». Sin embargo, la presión de las bases obligó a la dirección a abrazar el objetivo de constituir una «República catalana», como reza el ideario de ERC y la CUP, y a incluir más veces el concepto de «independencia» en el texto fundacional.

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