Rivera abandona la intransigencia y apunta a un gobierno en minoría
Los socialistas insisten en su ‘no’ y auguran, al menos, una primera investidura fallida.

Mariano Rajoy y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, se reunieron ayer en el Congreso. J. C. HIDALGO
p. de las heras | madrid
La reunión de Mariano Rajoy con Albert Rivera deparó ayer una ligera sorpresa. El líder de Ciudadanos, enrocado hasta este mismo lunes en su negativa a facilitar un gobierno del PP presidido por el político gallego, ha dejado de ser tan tajante. Hora y media de charla en el Congreso de los Diputados, sin documentos, propuestas ni contrapartidas, bastaron para que abriera con ímpetu la puerta a una abstención en la segunda de las dos votaciones que pueden producirse en la sesión de investidura. El gesto de nada vale por sí solo y vuelve a poner en la diana al PSOE, pero al menos permite a los populares intentar avanzar hacia la segunda base.
El presidente del PP se ha tomado los primeros contactos con los líderes políticos como una toma de temperatura. Una vez se reúna con Pedro Sánchez, hoy a las once de la mañana, evaluará los resultados, remitirá a sus interlocutores un programa de Gobierno sobre el que estaría dispuesto a negociar y decidirá si forma mesas de negociación con carácter más técnico. Pero, a estas alturas, en su partido ya han empezado a asumir que, en el mejor de los casos, Rajoy sólo podrá pilotar un Ejecutivo en minoría, con escasa autonomía política y terriblemente condicionado por los 213 diputados de la oposición.
Rivera, el líder de la formación ideológicamente más fronteriza con el PP, apuntó claramente en esa dirección a la salida del encuentro. Lo hizo con un mensaje a los populares, pero también al resto de formaciones políticas. A los primeros, les prometió negociar, si es que Rajoy supera la investidura, tanto el techo de gasto como los Presupuestos Generales del Estado y algunas otras políticas clave que permitan dar cierta estabilidad a España. Y a los otros, les vino a decir que tienen una ocasión de oro para forzar reformas que todos han defendido, por ejemplo, en materia de regeneración democrática.
Los socialistas se sienten en una encrucijada endiablada. No quieren volver a pasar por las urnas, pero tampoco están dispuestos a asumir sin más el coste de ser quienes faciliten que el PP se mantenga en el poder. A estas alturas, pues, parece imposible que el PSOE no haga pasar al presidente en funciones, al menos, por una investidura fallida que, probablemente, sería a finales de este mes. «Y después -dicen- se verá».