Diario de León

El PP teme al desgaste provocado por el ‘no’ a la investidura de Rajoy

El presidente en funciones acude el 30 de agosto al Congreso sin poder garantizar su éxito.

Rajoy en Pontevedra, acompañado por José Benito Suárez, marido de Ana Pastor. SALVADOR SAS

Rajoy en Pontevedra, acompañado por José Benito Suárez, marido de Ana Pastor. SALVADOR SAS

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nuria vega | madrid

El discurso que el próximo 30 de agosto pronunciará Mariano Rajoy lleva cocinándose ocho meses. El mismo tiempo que el presidente en funciones se ha resistido a defender su investidura ante la imposibilidad de garantizar su éxito. Nunca antes un candidato había rechazo el encargo del Rey. Y ningún líder político ha planteado jamás la posibilidad de aceptar y renunciar más tarde para evitar el portazo.

Rajoy, al fin, asume el riesgo de enfrentarse a una investidura fallida. El viaje del presidente ha durado 242 días desde que en la noche electoral del 20 de diciembre garantizara su intención de «intentar formar Gobierno» pese a los 63 escaños perdidos por el camino.

Nadie en el partido podía vislumbrar que un mes más tarde, su líder llegaría a la Zarzuela para agradecer la deferencia de Felipe VI, pero rechazar plantarse en el hemiciclo. Su decisión le obligó a iniciar una gira para hacer entender a los suyos sus razones. «No sólo no tengo los apoyos, sino que tengo una mayoría en contra», explicaba.

Y su movimiento desencadenó una investidura frustrada de Pedro Sánchez. En el PP no fueron pocos los dirigentes que tacharon de errónea la estrategia. Fuentes populares censuraron la «inacción» de su jefe. Las elecciones del 26 de junio despejaron el panorama y los catorce escaños arañados contribuyeron a desbrozar el camino del PP.

Pero el 28 de julio, tras ser recibido por el Rey, Rajoy volvió a adentrarse en la ambigüedad dejando perplejos a propios y extraños. El PP pareció a punto de revolverse. Pero los dirigentes populares hicieron un hatillo con su nervios y partieron rumbo a televisiones y radios para defender al líder como miembros de un partido disciplinado.

Esta vez, en las conjeturas de Rajoy, cabía la posibilidad de que el PSOE empezara a transitar del «no es no» a la abstención. El pasado jueves, el presidente activó un último recurso.

Presionado por Ciudadanos para poner fecha a la investidura, amagó con no convocar el debate hasta hablarlo con Sánchez. 24 horas después, Rajoy transigía y el pleno se fijó el 30 de agosto. De fracasar los intentos de formar gobierno, las urnas tendrían que abrirse el 25 de diciembre y el PP sitúa ya la responsabilidad en el tejado de la segunda fuerza política.

El fracaso en las Cortes podría debilitar las posiciones de Rajoy y despertar el debate sobre su liderazgo y la conveniencia de que deje paso a savia nueva en el partido que. Por otro lado, Rajoy se presentaría con el desgaste de no haber sido capaz de sacar adelante su proyecto.

Mientras tanto, Podemos coquetea con Sánchez y construir un gobierno de izquierdas. Fuentes socialistas ven esta opción poco probable. Pero nada está escrito. Tampoco que con el tiempo pueda reblandecerse el PSOE y termine facilitando que Rajoy forme gobierno. Por su parte, el líder popular habló ayer para avisar al PSOE que para la investidura «necesitarían a partidos independentistas», lo que para el líder popular es una «solución bastante mala para España». Rajoy avanzó que su «intención» es establecer contactos la próxima semana con Pedro Sánchez, al que volvió a reclamar «sentido común» para tratar de «construir algo».

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