Diario de León

Nadie apunta a las sorpresas en una carrera de fondo

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El debate de investidura que comienza hoy va a tener la incertidumbre de un partido después del pitido final del árbitro. Ninguna. Ya se sabe, salvo monumental sorpresa, que Mariano Rajoy va a perder la votación del miércoles y del viernes en el Congreso, y continuará de presidente en funciones. La incertidumbre regresará la próxima semana porque el 2 de septiembre no termina el encuentro; lo hará el 31 de octubre, cuando se cumplan dos meses desde la primera votación. Ese día el Rey tendría que convocar las terceras elecciones en un año si Rajoy no consigue la confianza parlamentaria.

Rajoy y Pedro Sánchez coinciden en que cuando el marcador de la Cámara muestre el viernes los 170 votos favor de la investidura y los 180 en contra no habrá acabado nada. Ese día se abrirá una nueva etapa, y en ella las fuerzas políticas se jugarán sus bazas definitivas. Las elecciones vascas y gallegas del 25 de septiembre introducirán nuevos elementos políticos en el escenario.

Con la votación del viernes, por tanto, no habrá concluido nada, a diferencia de lo que ocurrió con el secretario general del PSOE. Sánchez tenía una bala, y erró el tiro en la primera semana de marzo. Rajoy tiene el cargador mejor surtido y disfrutará una segunda oportunidad, al menos eso piensa.

Primero, tendrá que revalidar el acuerdo con Albert Rivera, y después deberá arrancar la abstención que ahora no ha podido extraer a los socialistas. La etapa del día después tiene asimismo una variante a la que nadie da excesiva credibilidad, pero que está ahí, y es la posibilidad de que el líder socialista trate de articular una alianza con Podemos y otras fuerzas. Una idea que solo bulle con fuerza en la cabeza de Pablo Iglesias y sus compañeros, pero que en el PSOE apenas encuentra defensores. Sánchez calla por ahora.

El debate de hoy, de todos modos, va a tener una serie de singularidades que lo van a hacer atractivo aunque se sepa resultado. Entre otras cosas, va a suponer la primera derrota parlamentaria de Rajoy desde 2011. En las elecciones de ese año se alzó con una mayoría absoluta sobre la que ha cabalgado para ganar todas las votaciones en el Congreso, excepción hecha de la minilegislatura pasada, en la que la confluencia de PSOE, Podemos y nacionalistas, y en ocasiones Ciudadanos, propinó algunos reveses al PP. Aunque fueron derrotas anecdóticas porque se aprobaron iniciativas destinadas al cesto de los papeles dado que todo decayó con la convocatoria de las elecciones del 26 de junio.

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