la investidura: VOTACIÓN
De Cánovas a McGyver con una parada en Alabama
rosa belmonte | madrid
Ayer en el Congreso se citó a Azaña, a Cánovas y al estado de Alabama. Esto lo hizo Tardà, pero no brindó por su soberanía a lo ‘Raices profundas’. Tardà lee mucho (en el escaño, a Chaves Nogales). También se citó a McGyver y al Dixan. Ayer la sesión fue más llevadera. Los espectadores eran casi los mismos (menos Viri, más la novia de Rivera). La madre de Pablo Iglesias repetía. Estaba sentada con dos chicas y las tres parecían público de El diario de Patricia . Fue testigo de cómo su hijo cambiaba la cal por camisas azules y saludos romanos (del PP). También de su puño en alto socialdemócrata.
A las ocho de la mañana, Carlos Herrera estaba en el exterior del Congreso con un gallo. Y Martínez-Pujalte cruzaba la calle con dos desayunos.
La tomatina del Congreso empezó a las 9.44, cuando Rajoy, con unos folios pintarrajeados, contestó a Pedro Sánchez. Los populares reían sus gracias. Ana Pastor sí respeta la institución y no soltó ni una risa. Ayer iba de rojo, quizá en homenaje a Gene Wilder.
Sus señorías ya se están dando cuenta de cómo se las gasta. Lo notó Sánchez y Aitor Esteban, que se le quejó porque no les habían comunicado el descanso y le tocaba: «La presidencia ha decidido el punto del receso y no le ha dicho eso o lo contrario». A comer. No se hable más. Rajoy funciona al contraataque mejor que Mourinho. Soltó leña a Pedro Sánchez y, sobre todo, a Pablo Iglesias, al que preguntó si a él sólo lo votaban los ricos y la gente despistada. Sánchez reprochó a Rajoy que citara el bálsamo de Fierabrás. Hombre, todos nos reímos de lo viejuno de sus referencias en el discurso de marzo, pero no se puede decir con desprecio «siempre a la vanguardia cultural» al referirse al Quijote.