La oposición recrimina al Gobierno que eluda el control parlamentario
De Guindos se negó a sentarse en la bancada azul para no tener que . explicar el ‘caso Soria’.
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a.t. | madrid
El primer pleno de la legislatura comenzó ayer con un plantón del Gobierno al Congreso y con una bronca general de la oposición a Mariano Rajoy y sus ministros por ignorar el derecho y la obligación constitucional que tiene la Cámara baja a controlar y fiscalizar las decisiones del Ejecutivo. «Desprecio a los diputados» o «ventajismo político», fueron algunas de las críticas que uno tras otro lanzaron los portavoces de la oposición a un banco azul vacío, en el que se negó a sentarse el ministro de Economía, Luis de Guindos, pese a ser citado por el Congreso. El Ejecutivo justificó de nuevo su plantón porque considera que un Gobierno en funciones no puede ser controlado por un Congreso que no lo nombró.
El hemiciclo revivió por unos minutos la indignación expresada el pasado 19 de abril, en la pasada legislatura, cuando Rajoy y sus ministros ignoraron la convocatoria de la mayoría del Congreso de una sesión de control al Gobierno, la gota que colmó el vaso de la paciencia de la oposición y le llevó, en una decisión inédita, a plantear un conflicto de atribuciones ante el Tribunal Constitucional, que la corte aún no ha resuelto y que podría no fallar antes del 31 de octubre, cuando el rey puede que tenga que volver a disolver los Cortes por segunda vez este año ante la incapacidad de los partidos de investir un presidente. El Gobierno se agarra a la falta de sentencia para no ir al Congreso, motivo por el que varios grupos demandaron al Constitucional que acelere sus debates.
Nombramiento polémico
El ministro estaba citado para explicar en el pleno los motivos que llevaron al Gobierno a designar al exministro José Manuel Soria para ocupar una dirección del Banco Mundial, puesto al que el interesado renunció tras pedírselo el propio Rajoy tras ver la indignación de los partidos y la opinión pública por el nombramiento de alguien que tuvo que dimitir por no saber explicar por qué su nombre constaba en sociedades de paraísos fiscales y tras sufrir un amago de rebelión en las filas del propio PP.