Rajoy se mantiene al margen de la guerra en el PSOE que en el PP aguardaban
El partido se muestra prudente sin conocer si esta situación desbloqueará el Gobierno.

El presidente conversa con un grupo de periodistas, en una imagen de archivo. ELISEO TRIGO
nuria vega | madrid
El pasado agosto, un alto cargo del Gobierno olfateaba en el ambiente que el PSOE parecía estar viviendo «la calma que precede a la tormenta». A una semana de la investidura fallida de Mariano Rajoy, Pedro Sánchez racionaba sus apariciones en público y los críticos mantenían una cautela tan sólo rota por Guillermo Fernández Vara instando a negociar una abstención con el PP. Ayer por la tarde, sin embargo, tras la explosión de las dimisiones en bloque de 17 integrantes de la Comisión Ejecutiva Federal de los socialistas, en el PP no se fiaban de que esta fuera la bomba de relojería que llevan esperando desde las elecciones del 20 de diciembre.
El impacto que causó Sánchez resistiendo cualquier envite se mezcló ayer en las filas populares con la urgencia de ser «prudentes» en un momento que calificaron de «delicado». Incapaces de vislumbrar el final del «quilombo» en el PSOE, desde la dirección del partido se acordó una llamada interna a la «responsabilidad» y a mantenerse al margen del proceso en el que están inmersos sus rivales. «Que resuelvan sus problemas y contribuyan a la estabilidad», resumían conscientes del riesgo de que la batalla no clarifique el panorama y empuje a los socialistas y al resto de partidos a un bucle sin fin.
Si los movimientos del sector crítico frente a Sánchez llegaran a facilitar en última instancia un Gobierno de Rajoy, los populares no quieren cometer el error de la incontinencia verbal. Aún escépticos, creen que un paso en falso podría entorpecer el desarrollo de los acontecimientos y están convencidos de que, por ahora, el suyo debe ser el papel de mero espectador silencioso.
Las renuncias en la Ejecutiva Federal no sorprendieron más que la respuesta del entorno de Sánchez aferrándose al cargo. Antes de que el secretario de Organización, César Luena, advirtiera de que su líder seguía siéndolo, el responsable de Comunicación de los populares, Pablo Casado, deseaba «lo mejor» a los socialistas. «Pensamos que en España es fundamental que haya un partido de izquierda moderada», zanjó sin querer ir más allá.
Hace meses que los populares esperaban un golpe de timón de los barones del PSOE que recondujera el rumbo de la dirección y permitiera a Rajoy gobernar. Pasada la cita del 20 de diciembre, en el círculo del presidente comprendieron que sus planes de compartir La Moncloa con los socialistas no tenían recorrido. «El PSOE liderado por Pedro Sánchez no apoyaría al PP con ningún candidato», insistía ayer la presidenta madrileña, Cristina Cifuentes. Rajoy ha sido siempre cauteloso y el lunes garantizaba que no «zascandileará», y que era el momento de mantenerse a la espera.