Diario de León

El tono beligerante del portavoz del PSOE contra el PP no cierra la herida

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Quienes apoyan a la gestora sostienen que será el ejercicio parlamentario lo que pondrá a cada uno en su sitio. Ayer fueron muchos los que, desde la bancada socialista, vivieron con pesadumbre el protagonismo de Pablo Iglesias y su vivo cara a cara con el presidente del Gobierno en funciones. «Cada vez será peor -dice un ‘sanchista’ de primera hora-; nos iremos diluyendo en un bocadillo infernal y sin liderazgo». Los oficialistas, en cambio, lo ven al revés. Incluso aseguran que, si persevera en su actual estrategia (la de «cavar trincheras»), Iglesias no es rival.

«El problema -dice un afin a Susana Díaz- lo tendríamos si el líder de Podemos fuera Errejón». Su tesis es que el potencial votante socialista nunca ha comulgado con posiciones radicales y que, aunque cueste convencerle de que su decisión de no ir a elecciones era lo más sensato para evitar que el PP saliera fortalecido, las iniciativas legislativas que lideren les permitirá recuperar su confianza.

El líder de Podemos ha dejado claro que no tiene la más minima intención de unir fuerzas con los socialistas en la Cámara baja «por muy rojos que se pongan». Y no lo hará porque quiere hacerse con su espacio. Pero el PSOE cree que a la hora de la verdad no le quedará más remedio que apoyar sus proposiciones de carácter social.

Hernando, el primero en hablar, ya había previsto esos ataques y, no en vano cerró su intervención con la respuesta por adelantado. «Nunca le fue fácil al PSOE tomar decisiones de naturaleza compleja. Siempre escuchamos las mismas descalificaciones y amenazas, y siempre provenientes de los mismos sectores. Pero el tiempo nos dio la razón», dijo en alusión al abandono del marxismo, la reconversión industrial o la entrada en la Otan.

Sus palabras fueron aplaudidas por el grupo socialista (con alguna excepción entre los críticos y un gesto poco entusiasta de Pedro Sánchez), pero muchos en el PSOE admiten que su credibilidad como partido está dañada.

No hubo, pues, punto de inflexión en la bronca interna. Los críticos siguen molestos porque no se quiera reducir a sólo once diputados la abstención frente al PP y achacan esa decisión directamente a Susana Díaz en un intento de imponerse al ‘sanchismo’.

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