El PSOE busca doblar el brazo al PP en asuntos económicos y sociales

Los primeros compases de la legislatura apuntan a una gobernabilidad complicada para Rajoy.

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León

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paula de las heras | madrid

«Vamos a estar permanentemente en el alambre». La frase, pronunciada hace unos días en la dirección del grupo parlamentario socialista, no puede ser más representativa de lo que ya ha vivido el PSOE en las primeras semanas de actividad parlamentaria plena de la legislatura. Sin líder en la Cámara baja, con su congreso de renovación aún pendiente y en una posición que tanto le permite condiconar la acción del Gobierno como le convierte en rehén de la estabilidad, el principal partido de la oposición está condenado al equilibrismo.

La compleja situación ya ha empezado a pasarle factura, aunque en la dirección provisional del partido confían en que, con el paso de los meses, lo que quede en las retinas sean aquellos asuntos en los que ha liderado y ganado un pulso al PP con la fuerza motriz de sus 85 diputados. Por lo pronto, el engranaje tiene rozaduras. El mismo día en que el portavoz parlamentario, Antonio Hernando, sacaba pecho esta semana por haber logrado sentenciar a muerte las polémicas reválidas de Mariano Rajoy y por haber forzado a los populares a sentarse a hablar de un pacto de Estado contra la violencia de género, Podemos le sacaba los colores.

Los socialistas presumen ahora que fue gracias a su actuación como se pudo evitar que se pusiera al frente de la Comisión de Asuntos Exteriores o del Tribunal de Cuentas al mismo exmiembro del Gobierno reprobado hace semanas por el Congreso y al que se va a abrir una comisión de investigación por las sospechas de que utilizara instrumentos policiales y del Estado de Derecho contra sus adversarios políticos.

En el PSOE se empezó a argumentar que imponer a Fernández Díaz era violentar el espíritu de lo acordado, por más que el pacto implicara que no habría vetos. Finalmente, los socialistas amenazaron con proponer a un candidato alternativo y obligaron a los populares a buscar para el exministro un acomodo de menor rango que no exigiera de su concurso. «No hacemos autocrítica porque frente a los numeritos y la algarada —reivindicó el portavoz de la gestora, Mario Jiménez, en clara alusión a la formación de Pablo Iglesias— quien estuvo para impedir ese nombramiento fuimos nosotros. Es importante manejarse con cuidado sin reventar acuerdos básicos que repercutan en las instituciones».

El presidente de la dirección interina del partido, el veterano Javier Fernández, tiene, según dicen sus más cercanos, esa máxima en la cabeza: «La prioridad en todo lo que hagamos es salvar las instituciones». La enorme división interna, sin embargo, hace difícil asentar ese principio porque fue precisamente el tipo de relación que cabe mantener con el PP en pro de la estabilidad del país lo que sirvió de catalizador para la batalla entre los críticos con el exsecretario general, Pedro Sánchez, y sus recelosos con su contrapoder, la presidenta andaluza, Susana Díaz.

En la gestora recibieron este jueves con agrado el elogio tácito que hizo el rey, durante la sesión de apertura solemne de las Cortes, a su «generosidad» y su disposición anteponer los intereses generales a los suyos propios para resolver una «crisis de gobernabilidad» que, a su juicio, generó inquietud e incluso «desencanto» en la sociedad.

El marcaje de la izquierda, en todo caso, les obliga a andar con tiento. Hernando se reunió este martes en el Congreso con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y la dirección parlamentaria no lo reconoció hasta este viernes. Todo para evitar que se leyera como un acercamiento. Aunque lleguen a un acuerdo previo sobre el techo de gasto en el Consejo de Política Fiscal y Financiera y la Comisión Nacional de la Administración Local la intención de los socialistas es presentar una enmienda a la totalidad en el Congreso a las cuentas públicas. Incluso restan importancia al hecho de que tengan que prorrogarse los presupuestos.

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En el hemiciclo resuenan, sin embargo, las palabras pronunciadas por el jefe del Ejecutivo en su discurso de investidura. «No es razonable gobernar sin Presupuestos». Muchos creyeron oír de fondo una amenaza de quien tiene la potestad de disolver las cámaras y volver a llamar a las urnas antes de medio año.