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León

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Parece que algo se mueve en las relaciones del Gobierno central y el catalán. Ambos ejecutivos llevan semanas emplazándose al diálogo, apelaciones que han propiciado cierto deshielo, aunque de futuro incierto porque el proceso soberanista ha entrado en su fase decisiva desde que Puigdemont convocara el referéndum sobre la independencia para septiembre de 2017. Pese a esa amenaza en el calendario, la Moncloa y la Generalitat han abierto una vía de comunicación. La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y el presidente de la Generalitat, que coincidieron el jueves junto al Rey en una entrega de premios en Barcelona, se reunieron en privado y con discreción tras el acto. El encuentro sirvió para romper el hielo y para que la número dos del Gobierno central trasladara al jefe del Ejecutivo catalán que Rajoy tiene interés en sentarse a hablar (no se ven desde abril) y que trabaja ya en la 46 demandas de índole económica y social, desvinculadas del proceso independentista, que la Generalitat reclama al Gobierno central.

Fue solo una primera toma de contacto, pero que todo apunta que tendrá continuidad, aunque puede ser estéril si a partir del inicio del próximo año empiezan los juicios por el 9-N y se concreta el caso Forcadell. El incipiente deshielo viene precedido de algunos movimientos por ambas partes que pueden crear un nuevo clima en las relaciones. Lo que está por ver para qué y con qué objetivo dado que el Gobierno catalán ni puede ni quiere renunciar al proceso secesionista en el que está embarcado y el Gobierno central ni quiere ni puede negociar un referéndum sobre la independencia. Aun así hay que entender como gestos de distensión los nombramientos de Roberto Bermúdez de Castro como secretario para las Administraciones Territoriales, y sobre todo el de Enric Millo, como nuevo delegado del Gobierno en Cataluña. Millo fue uno de los negociadores del pacto entre Mas y el PP para la gobernabilidad de Cataluña entre 2010 y 2012. La vicepresidenta regresará este lunes a Barcelona para asistir a su toma de posesión. Además, el Ejecutivo central ha situado ya la reforma del sistema de financiación de las autonomías como uno de sus objetivos inmediatos. La Generalitat lo mira de reojo y aunque Puigdemont no asistirá a la Conferencia de Presidentes, afirmó que estará «muy pendiente de la propuesta» que salga de esa reunión.

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