Gobierno y PP esperan una colaboración estrecha con el PSOE
Montoro prioriza la alianza «holgada» con los socialistas al acuerdo insuficiente con Ciudadanos.

El ministro de Hacienda, Montoro, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. ÁNGEL DÍAZ
nuria vega | madrid
A última hora del sábado 29 de octubre, con la investidura ya garantizada, Mariano Rajoy se dirigió por última vez a la bancada del PSOE y reclamó amparo para gobernar. En La Moncloa temían entonces que el acercamiento a los socialistas fuera inviable durante la legislatura porque Podemos fiscalizaría cada movimiento del primer partido de la oposición. De ahí que el pacto de esta semana, que permitirá sacar adelante el techo de gasto y tramitar los Presupuestos, se haya celebrado en el PP casi como un hito «histórico».
La relevancia que los populares conceden al acuerdo va más allá del contenido, que establece el objetivo de déficit para las comunidades autónomas en el 0,6% y contempla una subida del Salario Mínimo Interprofesional del 8%. En realidad esta negociación ha supuesto para el Ejecutivo un ensayo del entendimiento con el partido que siempre consideró socio preferente, aunque el PSOE advierta de que aquí acaba su voluntad de ceder y vea prácticamente imposible su apoyo a las cuentas públicas.
Ni en el Gobierno ni en el PP ocultan que este es el marco en el que el presidente, defensor acérrimo del bipartidismo, se siente cómodo. No le importa salir derrotado los martes del Congreso, y conceder a los socialistas la revisión de normas como la Lomce o la ‘ley mordaza’, si a cambio puede preservar su política económica y seguir gobernando. De hecho, el consenso con la segunda fuerza es el escenario que siempre buscó. «No es algo que sorprenda porque Rajoy ya planteó una gran coalición en la que PP y PSOE fueran de la mano -recordó ayer el vicesecretario de Comunicación popular, Pablo Casado-; aquello no fue posible, pero esperemos que en la aprobación de leyes fundamentales de esta legislatura sí lo sea».
Incluso antes de los comicios del 20 de diciembre de 2015, en La Moncloa ya fantaseaban con dejar sitio en los despachos gubernamentales para contar con la compañía del PSOE en coalición. Pero la negativa categórica de Pedro Sánchez a dialogar con el candidato del PP echó por tierra los planes del presidente, que en campaña electoral no había querido ni tan siquiera confirmar a Soraya Sáenz de Santamaría como su número dos por si tenía que sacrificar la Vicepresidencia en la negociación con los socialistas.
Ahora, desde la caída del secretario general del PSOE en octubre, las relaciones se han destensado. Al margen de los acuerdos que puedan alcanzarse y de si este primer paso tiene más recorrido o no, Rajoy celebra poder mantener una interlocución «razonable» con el presidente de la gestora, Javier Fernández, con quien fuentes de La Moncloa aseguran que es sencillo dialogar.
La suma con los socialistas supera en el Congreso los 220 diputados, una mayoría absolutísima que concede al Gobierno la «holgura» que ayer defendía Cristóbal Montoro tras el Consejo de Ministros. El titular de Hacienda no empleó paños calientes al priorizar al PSOE por encima de otras formaciones con menos escaños en la Cámara baja, como Ciudadanos, aunque fue su aliado de investidura. «Siempre va a ser preferible que nos entendamos con los que suman por encima de los 175 diputados (mayoría absoluta) y no nos pongamos a buscar el voto marginal, que en algún momento habrá que buscar, no digo que no», espetó pasando por alto el argumentario del PP y las llamadas constantes al diálogo permanente con todos los partidos.
No es que los populares no compartan el análisis del ministro. Es que la gobernabilidad dependerá en muchas ocasiones de votos como los de Ciudadanos o el PNV, con un PSOE marcando territorio en la oposición, y no conviene herir sensibilidades.