Diario de León
raquel p. vieco

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En la planta baja del Museo del Prado, en la sala 052A, se encuentra el artesonado de la desaparecida iglesia de Santa Marina de Valencia de Don Juan. Enajenado en 1927, con autorización eclesiástica, fue a parar a manos de una familia catalana que lo donó al patrimonio nacional en 2013.

Se trata de una obra datada en 1400 de casi 70 metros cuadrados (1142x605 centímetros) con policromías en las que predominan la alternancia de colores azules y rojos, así como eslabones blancos con puntos centrales rojos. La indumentaria de los pesonajes que aparecen en su repertorio pictórico ha sido clave para la datación de la obra. «Entre los elementos más significativos está el tocado de cuernos de la mujer joven que danza con un joven vestido de acuerdo a la moda de esos mismos años: hopa corta de mangas anchas y calzas con largas puntas que debieron empezar a utilizarse en España hacia 1390», explica el estudio museístico.

La nueva silueta femenina que se manifiesta a finales del siglo XIV con faldas de más vuelo, cintura marcada y escotes más grandes forman parte de las características que avalan la fecha propuesta para esta obra.

En Valencia de Don Juan, de la iglesia de Santa Marina solo queda el recuerdo en la plaza que lleva su nombre. Parece que a finales del siglo XIX quedó desatendida al trasladarse la parroquia al templo de San Pedro. Cuando Gómez Moreno llamó la atención sobre su estado a principios del siglo XX nadie le escuchó. No incluyó en sus fotografías el hermoso artesonado. La mañana del jueves santo de 1926 se cayó su muro norte arrancado de cuajo el retablo churrigueresco, mutilando la escultura de San Isidro Labrador aunque finalmente pudo salvarse. El artesonado quedó al albur del expolio tras trasladarse otras piezas como el altar mayor a San Pedro. En su libro Monumentos Religiosos Leoneses, de 1928, Luengo dice que «el artesonado se vendió a un chamarilero que lo sacó de Coyanza de noche y en carros de bueyes». Pero nada se sabe de cómo llegó a la Colección Várez Fisa.

El historiador Javier Revilla Casado defiende que la pieza que se conserva en el Museo del Prado es la techumbre del coro, mientras permanece la incógnita sobre qué fue de los otros artesonados de la iglesia coyantina. «Tras el hundimiento del muro norte en 1926, el artesonado de la capilla mayor no sufrió daño alguno. Por tanto, al igual que sucedió con el del coro (tampoco dañado), pudo perfectamente ser vendido a algún coleccionista privado», indicó el historiador coyantino cuando se expuso la obra en El Prado.

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