Los acusados son acompañados por una multitud que les vitorea
Artur Mas, junto a las dos exconsejeras y el presidente Puigdemont de camino al juicio. QUIQUE GARCÍA
Inasequible al desaliento, el independentismo no desaprovecha ninguna oportunidad para exhibir músculo, para demostrar que sigue movilizado y para advertir de que cuenta con un núcleo duro de miles de personas que no darán ni un paso atrás hasta que consigan la secesión o al menos la celebración de un referéndum.
El soberanismo presentó el juicio del 9-N como un nuevo ataque del Estado contra la dignidad de Cataluña y en torno a 40.000 personas (según la Guardia Urbana, menos de 20.000 según otras fuentes) arroparon al expresidente y a sus exconsejeras frente al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Muchos de ellos acompañaron a Mas, Ortega y Rigau a lo largo del baño de masas que se dieron desde el Palau de la Generalitat hasta el tribunal, un recorrido de kilómetro y medio con parada en alguno de los iconos del secesionismo, como el Fossar de les Moreres (cementerio de las Moreras) o el centro cultural del Born.
Los tres acusados salieron del Palau de la Generalitat, donde les recibió el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, con su gabinete al completo y la presidenta de la Cámara catalana, Carme Forcadell.