El PP busca un congreso tranquilo para lo que negocia las enmiendas
Maillo trabaja sobre un acuerdo para sosegar el debate sobre la acumulación de cargos.

Mariano Rajoy debe decidir sobre la acumulación de cargos de María Dolores de Cospedal. TAREK
nuria vega | madrid
La actividad se intensificó en la sede de la calle Génova en las horas previas al XVIII Congreso Nacional del PP. Teléfono en mano, los vicesecretarios del partido se volcaron ayer en negociar, con más o menos éxito, hasta la última enmienda controvertida que han presentado los compromisarios y que podrían generar debates calientes en el cónclave que comienza hoy en el recinto madrileño de la Caja Mágica.
El equipo del responsable de Organización, Fernando Martínez-Maillo, lleva días intentando acercar posturas para apaciguar la polémica sobre el futuro de María Dolores de Cospedal y evitar que su caso centre la discusión en la primera sesión plenaria del congreso. Pero, aun así, ayer continuaba patente en las filas populares el malestar por la acumulación de cargos en manos de quien ejerce de ministra de Defensa, secretaria general del PP, presidenta del partido en Castilla-La Mancha y diputada nacional.
Del medio centenar de propuestas en las que se abogaba por endurecer las incompatibilidades, la cúpula ha conseguido reducir a menos de diez las que llegarán vivas y serán votadas. A última hora de la mañana, Martínez-Maillo, y a la espera de la negociación con el resto de enmendantes, se mostraba dispuesto a que en su borrador de estatutos el PP se comprometa a «promover una gradual separación y limitación en la acumulación de cargos institucionales de gobierno y orgánicos del partido». Una reclamación que había dejado por escrito el número dos de Esperanza Aguirre en el Ayuntamiento de Madrid, Íñigo Henríquez de Luna.
Se trata de un gesto político que en principio no obliga a nada, pero que abre la puerta a que con el tiempo no abunden situaciones como la de la actual ministra de Defensa y número dos de la formación ni a nivel nacional ni en el ámbito autonómico o local. Un intento, en definitiva, de calmar a quienes como Francisco Risueño defienden la máxima de «un militante, un cargo».
Este exconcejal de la localidad conquense de San Clemente sorprendió al partido registrando un texto en el que denuncia con nombre y apellido la omnipresencia de Cospedal. Fuentes populares sostienen, en cambio, que enmiendas como la suya no tendrán mucho recorrido en el congreso. Es cierto que, por primera vez, los 3.128 compromisarios podrán pronunciarse sobre el contenido de la ponencia política y de estatutos, y que, por lo tanto, el resultado de la votación es menos previsible. Pero desde las organizaciones territoriales dan por seguro que ninguna presentará batalla frente a la secretaria general y el presidente, y que eso influirá en la posición final de los delegados.
El debate, en cualquier caso, se desarrollará a puerta cerrada durante una larga tarde-noche con hora de inicio, las seis, pero sin horizonte de cierre en el que los compromisarios podrán exponer sus posturas.
Continuidad
Las críticas de algunos sectores no han hecho mella en el entorno de Cospedal. Tanto los suyos como el resto de dirigentes de la formación apuestan por su continuidad como número dos del PP y hay quien cree que Mariano Rajoy anunciará, incluso antes de que comience el congreso, que ella es y será su secretaria general con el ánimo de sofocar el debate de la tarde del viernes. Puede que siga quedando entonces en el aire si el presidente opta por recuperar la figura del coordinador general o si refuerza las competencias del área de Martínez-Maillo, que se ocupa en la práctica del día a día del partido.
Otros asuntos, como el aborto, la gestación subrogada o la custodia compartida, en los que el consenso ha resultado imposible, incomodan menos a la dirección. Cuando el sábado se escenifique que cohabitan en el PP diversas sensibilidades, conservadoras en mayor o menor medida, Íñigo Errejón y Pablo Iglesias estarán batallando por el futuro de Podemos. Y frente a esa brecha en la izquierda, fuentes populares apuntan que su congreso parecerá un «oasis de tranquilidad» y hasta de «aburrimiento».
Ese es el marco en el que Rajoy se siente cómodo, sin sorpresas. El presidente, que reitera en público y privado que su partido «está bien», siempre ha pretendido que en tiempos de incertidumbre y volatilidad las siglas PP queden asociadas a la estabilidad.