Pablo Iglesias se impone a Íñigo Errejón y se hace con todo el poder de Podemos

Con un respaldo abrumador las bases avalan el giro hacia la izquierda y la oposición sin cuartel a PP y PSOE.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, pasea su victoria en la Asamblea Ciudadana Estatal de Vistalegre II celebrada en Madrid. BALLESTEROS -

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León

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ander azpiroz | madrid

Pablo Iglesias es el líder único de Podemos. Iñigo Errejón ya no puede soñar con hacerle sombra. La militancia no solo le brindó en Vistalegre II su plena confianza al reelegirlo secretario general con el 89% de los votos, sino que también le entregó el control absoluto del partido. Los ‘pablistas’ ganaron todas y cada una de las batallas. Lo hicieron, además, por goleada. Dominarán el Consejo Ciudadano al adjudicarse 37 de los 62 asientos en juego y sacaron adelante sus documentos político, organizativo, ético y de igualdad de género con un respaldo de más del 50%.

Frente a la euforia de los de Iglesias, los ‘errejonistas’ no fueron capaces de disimular su profunda decepción, su líder el primero. En ningún caso imaginaban una derrota de semejante calibre. El botín ‘errejonista’ se redujo a 23 puestos en el Consejo Ciudadano, del todo insuficiente para condicionar la estrategia futura de Podemos. Más aún, Errejón quedó relegado al tercer lugar entre los candidatos más votados al verse superado no solo por Iglesias sino también por Pablo Echenique. El respaldo a sus documentos apenas alcanzó el 33%.

Una vez se hizo oficial lo que ya todo el mundo sabía, Iglesias saboreó su momento de gloria. Tras el obligado abrazo a Errejón, prometió seguir el mandato que entiende que le han dado las bases: «Nos habéis dado una orden, unidad y humildad, y la vamos a cumplir».

El reelegido secretario general interpretó que los inscritos han votado «un Podemos coral, más femenino, fraterno y unitario, y desde hoy nos ponemos a ello». Una vez afianzado su liderazgo, Iglesias señaló que, resultas las cuestiones internas, toca ponerse a trabajar para, primero, hacer oposición al PP y, después, ganar las elecciones a Mariano Rajoy.

El otro gran protagonista de Vistalegre II compareció minutos después. Con el gesto aún desencajado, Errejón ofreció una lectura algo distinta de los resultados. En opinión el secretario político las bases han reclamado unidad, pero también «pluralidad». Pese al magnitud de la derrota, Errejón considera que la nueva dirección debe de tener en cuenta el 33% de apoyos que ha cosechado su candidatura al Consejo Ciudadano. «Estoy convencido de que va a prevalecer la sabiduría de que somos más fuerte cuando integramos», afirmó.

La victoria ‘pablista’ confirma que la estrategia del todo o nada de Iglesias ha funcionado. El temor a su anunciada renuncia en caso de ser derrotado parece haber resultado decisivo a la hora de elegir a entre él y su número dos. En paralelo a su amenaza de enfilar la puerta de salida, Iglesias supo presentarse como el único garante de la unidad de Podemos. Su victoria ha supuesto así un alivio para muchos que se encuentran en una posición intermedia entre el secretario general y el político. La primera de las consecuencias Vistalegre II será un giro a la izquierda en la estrategia del partido. Tras el fiasco del 26 de junio, Iglesias dio por amortizada la estrategia de la transversalidad y su victoria en Vistalegre II supone su definitivo certificado de defunción. Frente a la moderación de Errejón, el secretario político aboga por alejarse aún más de la dinámica parlamentaria de la izquierda tradicional encarnada por el PSOE; dar mayor protagonismo a la movilización; y ahondar la relación con IU.

Entre los retos que se le presentan al reelegido líder, el mayor es el de la integración de las familias de Podemos. Lo repitió mucho en campaña, no quiere un Podemos que se parezca al PSOE y en el que las corrientes y las baronías impongan sus intereses a la dirección nacional.

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El alejamiento entre Iglesias y Errejón es solo la punta del iceberg bajo el que subyace una tremenda animadversión entre sus equipos. Reconciliarlos será una tarea mucho más complicada que encauzar la relación entre sus líderes.