El incierto futuro del secretario político
Nada más conocerse los resultados de la Asamblea Ciudadana de Podemos una pregunta corría como la pólvora por el palacio de Vistalegre: «¿Qué va a ser ahora de Iñigo Errejón?». La respuesta solo la sabe Pablo Iglesias. Con la aprobación del nuevo documento organizativo, el secretario general pierde la facultad de nombrar a su ejecutiva, una tarea que ahora pasa al Consejo Ciudadano y que se acometerá en los próximos días. Es lo de menos. La militancia ha brindado a Iglesias una mayoría tan cómoda en el máximo órgano de gobierno entre asambleas y puede hacer con Errejón lo que quiera, ya sea pasarle factura por una rebelión que abrió una profunda crisis en Podemos o tenderle la mano para tratar de recomponer la unidad perdida en el partido.
A lo largo de la campaña, el líder de Podemos ha insistido en su propósito de contar con Errejón y el líder anticapitalista, Miguel Urbán, en su nueva dirección nacional. Lo que no ha dicho es en dónde los quiere. En el caso del número dos del partido, se da por descontado que dejará la Secretaría Política o, en caso de continuar, se rebajarán sustancialmente sus competencias. El secretario político ha dado la talla en los debates, según reconocen todos incluido Iglesias, y parece complicado encontrar un sustituto a su altura. No obstante, su perfil más moderado y conciliador podría no ser el adecuado para el giro a la izquierda.
Este domingo el secretario político se limitó a señalar que espera que haya «unidad» con «pluralidad», pero aceptará lo que decidan sus compañeros. «Estaré donde se considere que soy más útil. Estoy orgulloso del ejemplo que ha dado Podemos y satisfecho de las ideas que he defendido», resumió. Lo único claro es que Errejón seguirá en Podemos, aunque sea de diputado raso. En el horizonte también está la oferta de encabezar la candidatura al Ayuntamiento o la Comunidad de Madrid, una posibilidad que hasta el momento no ha pasado de charlas informales. No solo Errejón está en el punto de mira de los ‘pablistas’. Varios miembros de la ejecutiva siguieron la llamada del secretario político y se sumaron a la rebelión.