Mas se esfuerza en desvincular al Pdecat de la corrupción de CDC
El expresidente de la Generalitat niega la financiación irregular y no abandonará la política.

El expresidente de la Generalitat, Artur Mas. JAVIER ETXEZARRETA
c. reino | barcelona
En pleno terremoto tras las confesiones de Félix Millet y los Montull, que han acusado a la antigua Convergència de cobrar comisiones a cambio de la adjudicación de obras públicas, Artur Mas salió ayer al paso para tratar de amainar el temporal, defender a los suyos y fijar la línea de defensa del Pdecat, que ve comprometido su futuro al año de haber nacido.
Aunque el juicio del Palau ha pasado a convertirse en el caso Convergència, Mas está empeñado en desligar a su nueva organización de la fenecida Convergència. Intenta convencer de que son dos fuerzas políticas distintas aunque los dirigentes sean los mismos, y a la vista de lo ocurrido y de lo que vendrá el cambio de denominación de hace un año empieza a tener explicaciones menos sentimentales y más prosaicas. El líder soberanista sigue atribuyéndolo todo a una mano negra del Estado, que utiliza a la Fiscalía para combatir a su partido y por extensión para frenar el proceso soberanista. «En Madrid -subrayó- saben que nuestra formación puede ser clave para que haya una mayoría en algún momento a favor del Estado catalán». A la Fiscalía le «interesa mucho atribuir todos los males del mundo» a Convergència, añadió envolviéndose una vez más en la ‘estelada’ para defenderse de las acusaciones de corrupción.
Apenas hay autocrítica entre los ‘convergentes’ y dicen estar convencidos de que todo se trata de un «montaje» para perjudicar al soberanismo, a pesar de que el caso Palau estalló en 2009, cuando el proceso independentista aún estaba lejos y Convergència ni siquiera gobernaba. Mas, el mejor exponente de este negacionismo, lo rechazó ayer todo. Negó que su partido se haya financiado de manera irregular, descartó las mordidas del 3% o el 4% a cambio de adjudicaciones a las constructoras, puso la mano en el fuego por Osácar, extesorero que está procesado en la causa, y también por Germá Gordó, antiguo gerente del partido, su mano derecha en la dirección de Convergència y luego consejero de Justicia. El expresidente de la Generalitat retó además a la Fiscalía a que investigue los concursos públicos y verá que no se han cometido irregularidades. «La vía penal -apuntó- no es una tertulia, hay que demostrar las acusaciones».
El otro argumento de defensa que usó el dirigente nacionalista es presentar a Millet y Montull como dos delincuentes confesos, que están dispuestos a ‘cantar’ lo que sea con tal de no ir a prisión. «Intentan colgarnos el muerto», expresó. Por ello, cree que sus versiones no tienen credibilidad y sí la tiene, a su entender, la de su extesorero, a quien calificó como una persona «honorable».
Mas mantiene su confianza en Osácar, pero el contable del partido es su cortafuegos si hay sentencia condenatoria. Usando un argumento del que también echan mano los dirigentes del PP, el líder soberanista quiso dejar claro que su «responsabilidad no era llevar la administración, las finanzas o los servicios jurídicos del partido, pero sí lo era poner al frente de estas áreas a personas que hicieran el trabajo correctamente».
De momento, ninguno de los acusados ha apuntado en el juicio del Palau responsabilidades en dirigentes que vayan más allá de Osácar, y por eso la formación nacionalista puede justificar que se trata de hechos del pasado, en los que nada tiene que ver la cúpula del partido. En concreto, los convenios que el Palau y Convergència suscribieron para el fomento de la cultura catalana y que Mas se encargó de destacar que quien los ideó fue el entonces tesorero, Carles Torrent (fallecido en 2005), en los años noventa. «En su momento no supe de estos convenios ni nada de las finanzas del partido. Había personas que se dedicaban a ello», precisó.
Mas reconoce que la imagen de los ‘convergentes’ está cuestionada, pero considera que la del Pdecat está «fuera de toda sospecha». Aunque cada vez son más las voces que fuera y dentro del soberanismo le piden que abandone la nave, el expresidente catalán lo descarta de plano. Aún no ha asimilado que tuviera que dejar la Presidencia de la Generalitat por exigencias de la CUP y no se plantea abandonar la política. «No tengo por qué hacerlo», dijo.
El presidente del Pdecat aprecia en el ambiente político catalán una «obsesión» por apartarle en pleno proceso soberanista, cuando él aún se considera útil, a pesar de que su presencia al frente del Pdecat dificulte que se consolide la renovación de la formación, lastrada con un goteo continuo de casos de corrupción de las épocas pasadas ‘convergentes’.