Rajoy trata de resolver conflictos en minoría
Esquiva el acuerdo con Ciudadanos en materia de regeneración democrática.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. ZIPI
Nuria Vega | Madrid
Nunca 137 diputados otorgaron a un partido la capacidad de ceder sólo lo justo e incluso permitirse algún exceso. La exigua representación del PP, al menos para gobernar con holgura, no ha impedido a los populares desdeñar las exigencias de su socio, Ciudadanos, e incluso sacar a pasear su mayoría absoluta en el Senado para frenar las ansias de la oposición en el Congreso. Al fin y al cabo, aun a sabiendas de que las urnas se llevaron el tiempo en el que disponía a su antojo y sin contar con nadie, Mariano Rajoy ya advirtió en su sesión de investidura: «Accedo al Gobierno para perseverar».
Los últimos acontecimientos han certificado que si bien el presidente está dispuesto a tender puentes, apenas se moverá de su espacio. La estrategia, desde luego, hasta el momento no puede decirse que no le haya dado buenos resultados. Gobierna cuando nadie habría apostado por él a principios de 2016. Y siendo así, en sus filas es poco menos que un visionario. Su filosofía de aguantar sin inmutarse se ha impuesto en prácticamente todos los ámbitos y, de este modo o a pesar de ello, Pedro Antonio Sánchez sigue al frente del Gobierno de Murcia; el acuerdo con Ciudadanos, vigente; y los Presupuestos, en el horno del Ministerio de Hacienda. Las campanas de ruptura con su «socio preferente» suenan cada semana casi sin excepción. Pero, como mucho, el jefe del Ejecutivo ha llegado a admitir la tarea de «reconducir» la situación. Eso no significa que vaya aceptar con gusto que el Congreso investigue las finanzas del PP o que vaya a proceder a una reforma constitucional para eliminar los aforamientos o limitar a dos los mandatos del presidente del Gobierno. Hay aspectos del pacto con los liberales que siempre se pensó en esquivar. Es el caso de la creación de una comisión parlamentaria que analizará, si no concluye antes la legislatura, la financiación de los conservadores. La suma de PSOE, Podemos y Ciudadanos es suficiente para impulsar el órgano en la Cámara baja. «El PP ya no tiene mayoría absoluta», trata de denunciar la oposición. Pero los populares han resuelto pagar con la misma moneda allí donde pueden y ya han registrado en el Senado una solicitud para que una comisión similar repase las cuentas de todos los partidos.
Algo singular
El caso de Murcia es singular. La redacción del pacto nacional con Albert Rivera ofrece una ambigüedad calculada que permite al PP justificar que Pedro Antonio Sánchez siga en el cargo al no estar «imputado formalmente». Ni el enfado de Ciudadanos ni su tentativa al PSOE para provocar una convocatoria electoral en la región, alteran a los populares. Oposición dispersa La actitud de Rajoy no se debe a que desconozca que en el Congreso y algunos parlamentos regionales la alternativa es posible. Numéricamente, la alianza puntual de PSOE, Podemos y Ciudadanos podría acabar con el Gobierno del PP o, lo que es lo mismo, bloquear la Cámara baja. Pero en la Moncloa no contemplan a día de hoy que la legislatura esté entrando en una fase de inestabilidad.
El PSOE y Podemos, receloso uno del otro, mantienen una disputa por el voto de la izquierda, y Ciudadanos y Podemos rivalizan por representar el cambio. Una confusión que da cierto oxígeno al Ejecutivo. Por otro lado, en el PP observan los contactos del partido de Rivera con el de Pablo Iglesias con incredulidad. Entienden que los liberales necesiten marcar su territorio y presionar a Rajoy para que cumpla lo pactado, pero se muestran escépticos sobre que Ciudadanos vaya a echarse en brazos de Podemos y el PSOE y con ello asumir el riesgo de perder al votante de centro-derecha.